Opinión: Imagen y ciudad

PABLO GARCÍA

Creo que no hay persona que visite por primera vez Langreo que no quede ‘maravillada’ de la central térmica, con sus chimeneas y parque de carbones al aire libre, en pleno centro de la ciudad. La pregunta consecuente suele ser siempre la misma: ¿cómo está ‘eso’ ahí?

No reviste especiales dificultades explicar que dicha ubicación es consecuencia de un tiempo en que las empresas ejercían un absoluto dominio sobre la política municipal, ocupaban a su antojo los mejores espacios del valle y la ordenación del territorio era un ámbito del saber casi desconocido entonces. Pero, ¿cómo explicarlo a luz de la realidad sociopolítica actual? ¿Qué decir acerca de que, de forma reincidente, se permite una nueva instalación termoeléctrica en la misma ubicación?

Resultando aún más paradójico que se cometa tamaña aberración, cuando se vienen empleando desde hace años tantos recursos para superar las múltiples secuelas y contradicciones de segregación urbanística clasista, déficit sociales y ambientales. Y cuando prácticamente todas las ciudades se aplican en incentivar sus aspectos más atractivos, las imágenes más positivas de las mismas, y a fortalecer los elementos competitivos entre ellas.

En efecto, estamos en la época del marketing de ciudades. De manera que lo que las empresas privadas han estado haciendo durante años lo están haciendo ahora las ciudades: impulsar un proceso de ‘venta del lugar’, que permita identificar y promocionar las bondades, calidad de vida y ventajas comparativas de una localidad. Puesto que a medida que se intensifican los procesos de integración y la economía se globaliza, el papel de las ciudades y la competencia entre ellas se vuelven más significativos.

Cada ciudad necesita poner en valor y resaltar sus elementos más positivos y, más allá de pomposas actuaciones, dar respuesta a los retos de las necesidades vitales, con un medio ordenado en lo urbanístico, calidad ambiental, transporte eficaz y vivienda digna. Con ello las ciudades consolidan población, ganan a nuevos residentes y atraen nuevas empresas. ¿Cuántos habitantes abandonaran Langreo, cuántos dejaran de venir a vivir aquí y cuantas empresas no se instalaran ante la imagen que ofrece la central térmica en pleno centro de la ciudad?

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