A cielo abierto

Articulo de Nacho González en El Comercio, 19 de diciembre de 2008

Se trata de un negocio de corto recorrido y subvencionado pese a ser destructivo. En el suroccidente de Asturias, desde hace algunas semanas, se viene librando una batalla que es fiel reflejo de la artrosis del desarrollo económico de Asturias. La empresa Uminsa, propiedad de un conocido empresario minero, pretende extender sin límite la explotación a cielo abierto de recursos minerales por Asturias y, en concreto, en el municipio de Tineo, hacerlo extensivo al monte Armayán.

Este laboreo es, en esencia y de forma contrastada, dañino para el empleo, dañino para el medio ambiente y dañino para la economía, amén de anacrónico e injustificable en el siglo XXI e, incluso, algunos sindicatos muy significativos en la zona se han pronunciado en contra (CC OO, por ejemplo).
Tras la explotación a cielo abierto y la depredación del territorio, la restauración de los terrenos afectados es imposible y de hecho no existe. Basta ver que algunos años después han supuesto la desaparición de una población y daños tremendos en la fincabilidad de los pueblos colindantes. El territorio queda totalmente inservible para usos ganaderos, y para la eternidad queda como vertedero industrial sobre ríos y con riesgo de filtraciones. Del mismo modo que jamás serán reaprovechables los terrenos afectados por la minería de oro de Belmonte de Miranda, por ejemplo.

Cuando se explota a cielo abierto se destruye más del 80% del empleo minero, con el único objetivo del lucro personal y empresarial. Y, además, en el caso del proyecto de Tineo, se está empleando a los trabajadores como ariete contra las autoridades democráticamente elegidas, con el objetivo de conseguir que se expropie a los vecinos para desarrollar una explotación sobre monte público y privado, con el resultado de que se destruyen las tierras agrícolas y forestales, así como los acuíferos subterráneos, y se externalicen todos esos costes a los vecinos, al Ayuntamiento, al Principado y a las generaciones venideras.

En el siglo XXI ya se ha demostrado con solvencia que la minería a cielo abierto es una actividad insostenible, destructora del medio y generadora de residuos y suelos contaminados, una explotación que impide el aprovechamiento futuro de la ganadería tradicional en las áreas afectadas.
Se trata de un negocio de corto recorrido y subvencionado pese a ser destructivo, con el que se destruyen empleos ganaderos, forestales y agrícolas, que son sostenibles, y se traspasan a la sociedad los costes de los daños. La extensión de la minería a cielo abierto contribuye a la despoblación rural, dejando a los pueblos sin alternativas económicas.
La minería a cielo abierto destruye la estructura geológica, con lo cual desaparecen las reservas de agua, la zona explotada se convierte en un secarral para los restos, no para cien ni quinientos años. Como prueba, nos quedan en Asturias y León los restos de minería romana. Esta práctica de explotación genera suelos contaminados y saca a la superficie metales que estaban confinados en la roca.
Para ejemplo tenemos el envenenamiento con arsénico en Mieres, en Lena, en Cangas o en Belmonte. después de explotar minas y canteras en zonas con metales pesados (mercurio y otros).
Además, habrá que recordar que, por encima de las presiones que puedan ejercerse por parte de las empresas y utilizando a los trabajadores como ariete, la Administración del Principado es competente para imponer el sistema de laboreo (Ley de Minas) y el Ayuntamiento es quien tiene las competencias urbanísticas y quien debe mirar por todos.

Comentario Cerrado