Opinión: Para el futuro

EN los próximos meses nos enfrentaremos a un proceso electoral, uno más, pero también a una nueva oportunidad para construir desde lo cercano un país más justo y creativo, para vivir su valiosa diversidad.

Una cita electoral es siempre una oportunidad para construir una sociedad más equitativa y solidaria, más sana y habitable, más sabia y democrática.

El concepto del mundo del futuro pasa por proteger la calidad y la diversidad de la vida y por construir una sociedad basada en la cooperación y la solidaridad, con bienestar ecológico y social para todas las personas y pueblos.

Prioridad, pues, fundamental es tratar de transformar el actual crecimiento ilimitado del consumo y destrucción del mundo biofísico en una economía socialmente sostenible, con una base ética de control colectivo, basada en la conciencia realista sobre los límites y las restricciones impuestas por la red de la vida de la que las sociedades humanas son parte.

Capacitar a las personas para actuar sin dañarse a ellas mismas o al entorno, permitiendo el bienestar del resto del mundo y de las futuras generaciones, enseñar a tener ‘suficiente’ es uno de los grandes retos a mejorar, sustituyendo las políticas de crecimiento desenfrenado, tratando de priorizar la calidad por encima de la cantidad, aunque vaya en contra de algunas de las premisas básicas de las actuales tendencias del desarrollo industrial.

La construcción de lo cercano, de cada pueblo y cada territorio ayuda a construir una sociedad española, europea y mundial que respeta los derechos fundamentales y la justicia ecológica (los derechos a una vivienda digna, a la salud, a la educación, a la cultura y a una alta calidad ambiental de la vida humana y de la vida de los ecosistemas naturales) e incrementa la libertad y la igualdad.

Profundizar en la democracia, a todos los niveles, debe hacerse mediante la descentralización y la participación directa de las personas y grupos, en las decisiones que les afectan y de interés colectivo, de ahí la necesidad de profundizar en la democracia participativa y el poder local como herramienta de construcción de ciudadanía.

Ser radicales (de raíz) en la defensa de los valores democráticos es una opción que permite ser realistas, transformadores e innovadores, especialmente en el uso de la inteligencia y la creatividad humana, con vistas a promover una sociedad que beneficie a todos sus miembros.

Otros cambios profundos aún son posibles en el marco democrático -reformas económicas y sociales- para crear un contexto de sostenibilidad y continuidad, tanto para las personas como para el mundo natural. Procesos democráticos, a todos los niveles, que liguen el comercio, la seguridad, las cuestiones económicas y sociales a los derechos ecológicos y democráticos.

Establecer normas y exigencias socio-ecológicas para asegurar la supervivencia y la calidad de vida, ahora y en el futuro. La solidaridad, los derechos humanos y la ciudadanía para todas las personas, con especial referencia a los inmigrantes, es uno de los grandes retos de estas elecciones.

Políticas que permitan resolver conflictos por medios pacíficos y promover una cooperación solidaria que fortalezca la autosuficiencia y la justicia en todos los pueblos, mejoras de las estructuras para la corresponsabilidad ciudadana, en las decisiones políticas, y medidas que garanticen la participación paritaria de las mujeres, bajo la premisa de que el siglo XXI será ‘mujer’ o no será.

Y, finalmente, defender la diversidad cultural y lingüística y la riqueza del patrimonio cultural y natural de todas las ciudades y pueblos a escala humana en paz con sus entornos naturales y conservadores de sus singularidades, son retos para mayo.

Le animo a que piense en ellos.

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