Opinión: Derecho Animal

EN Asturias, como en todas las ciudades de España y Europa, cada vez son más las personas que deciden disfrutar de la compañía de uno o más perros. Este hecho comporta un signo inequívoco de humanidad y modernidad. Por ello, son aún más incomprensibles las imágenes que hemos podido ver hace unos días por televisión. En ellas se mostraba cómo un individuo -por llamarle de alguna manera- propinaba una brutal paliza a su perro. Los animales no son cosas que deben estar a disposición de sus dueños, son seres vivos que deben ser protegidos de cualquier daño o lesión innecesaria. En España, la regulación de la protección animal corresponde a las comunidades autónomas, algunas de las cuales han promulgado leyes de protección animal propias. La falta de legislación a escala nacional ha dado lugar a una confusión e incluso contradicción legal entre las diferentes leyes autonómicas. Por ello, las organizaciones de defensa de los animales y ecologistas llevan muchos años reivindicando la inclusión en el Código Penal de los delitos contra los animales. El Código Penal de la democracia, de 1995, contempló, por vez primera, el maltrato animal como falta (artículo 632). Con posterioridad, se produjo una tímida reforma, aprobada en la Ley Orgánica de 15/2003, de 25 noviembre, por la que se modificaba dicho Código en lo tocante a los delitos contra los animales. Esta modificación es, a todas luces, insuficiente, por restrictiva en cuanto a los animales protegidos y las conductas tipificadas, como por el régimen de sanciones establecido. Hace meses, el diputado de Los Verdes en el Congreso, Francisco Garrido, presentó una proposición no de ley para reformar el Código Penal y prohibir el maltrato, tortura y muerte de los animales. En ella, entre otras cosas, solicita: la inscripción de un título específico, destinado a los delitos contra los animales y la tipificación como delito de las conductas que provoquen la muerte innecesaria o cruel, la tortura, la experimentación no justificada o el maltrato de animales.

Esperemos que la reforma se realice lo antes posible y que todos los grupos parlamentarios la refrenden, ya que la protección de los derechos de los animales es una salvaguarda de nuestra propia supervivencia como especie, pues favorece la difusión de los valores de respeto al medio natural, tan necesarios en el marco de una cultura para la sostenibilidad.

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