Catedráticos de salud ya alertaron de los inconvenientes de la vacuna del papiloma

Noticia de Efe en LNE del 18 de febrero de 2008

La polémica está servida. A los efectos adversos producidos en algunas niñas por la vacuna del virus del papiloma humano se suma ahora un manifiesto que recoge más de 8.000 firmas a favor de una moratoria en la aplicación de la inmunización empleada para prevenir el cáncer de cuello de útero.

En el texto, que lleva la firma de más de la mitad de los catedráticos de Salud Pública de las universidades españolas, se advierte de que la utilidad de la vacuna aún no está demostrada, así como de la falta de una evidencia científica probada sobre los resultados.

Antonio Cueto, catedrático de la Universidad de Oviedo y ex consejero de Salud del Principado, es uno de los firmantes.

Cueto respaldó el manifiesto hace varios meses, cuando se dilucidaba la conveniencia de aplicar la vacuna a las niñas de 11 a 14 años. Lo hizo porque, a su juicio, «no se trata de una vacuna prioritaria». Además, considera que es cara y que ni es el momento ni reúne las condiciones. «Hay otras cuestiones de salud más urgentes y tenemos que concienciarnos de que no hay dinero para todo». Entiende el ex consejero que existen otros problemas más acuciantes y que es necesario seleccionar.

El manifiesto está promovido por el Centro de Análisis y Programas Sanitarios (CAPS), una asociación científica sin ánimo de lucro que aglutina a expertos en salud. Muchos de los más de 8.000 firmantes son profesionales sanitarios que piden que se interrumpa la vacunación y se abra un debate transparente y riguroso sobre esta cuestión. Solicitan un período de reflexión y de seguimiento de los efectos de la vacuna en poblaciones reales.

Los firmantes se preguntan por qué se ha decidido vacunar a las niñas contra el virus del papiloma humano (VPH) pese a las dudas que existen, más que razonables, sobre su eventual capacidad y eficiencia para prevenir un número sanitariamente relevante de muertes por cáncer de cérvix en mujeres españolas, en relación con las actuales prácticas preventivas.

El documento denuncia que los ensayos sobre la vacuna «no han podido ver su efecto en la prevención del cáncer porque tarda años en desarrollarse». Asimismo, recuerda que hay posibilidades reales de cortar el proceso antes de su desarrollo, con la inmunidad natural y con el cribado de lesiones precancerosas y su tratamiento. A la falta de eficacia científica suman el precio de la dosis (casi 500 euros por persona), que implica un coste anual de 125 millones de euros.

Al primer rechazo de los expertos se suman ahora las niñas afectadas por la vacuna. En España se han contabilizado 35 casos graves. En Asturias las dos primeras dosis se suministraron a 6.000 adolescentes y se produjeron tres casos leves.

La decisión se ha tomado a pesar del alto precio de la dosis y de las dudas sobre su eventual capacidad.

Los altísimos costes de la vacunación atacan la sostenibilidad financiera de todo el sistema de salud pública.

No existe la evidencia científica de su eficacia en la prevención del cáncer de cérvix.

Los ensayos no han podido ver su efecto en la prevención ya que este tipo de cáncer tarda mucho en desarrollarse.

La vacuna no es efectiva contra todos los serotipos cancerígenos.

En España hay baja incidencia de cáncer de cérvix, por lo que el número prevenible será bajo.

La industria farmacéutica lleva años desarrollando estrategias de creación de un clima de opinión favorable, exagerando riesgos con el fin de convencernos.

Nadie ha justificado que haya prisa para la aplicación de este nuevo programa.

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