Opinión: Jóvenes y alcohol

ABORDAR el problema de los menores consumidores de drogas y alcohol en los espacios comunitarios ha venido siendo una de las reivindicaciones vecinales más urgentes ligadas a los nuevos comportamientos de éstos en fines de semana y a las nuevas y peligrosas (por masivas) formas de consumo y comportamientos asociales relacionados con las mismas.

Las intervenciones que han venido siendo reclamadas en los últimos tiempos toman la forma mimética de: mayor control y represión policial, mayor control horario de los establecimientos, un escaso esfuerzo en políticas de ocio alternativo.

Resultado: dos millones de adolescentes y jóvenes toman las calles los fines de semana y el número -así como los consumos- están en constante y peligrososo crecimiento.

Existen elementos de cambio sociológico obvios que explican dichos comportamientos y que debe-mos tener en cuenta. Por ejemplo: una sociedad hiperconsumista, un modelo de violencia en crecimiento en una sociedad en proceso cambio de valores donde la violencia, la inmediatez, el dinero y el éxito fácil priman como valores; una ausencia demoledora de expectativas juveniles (en la generación con más oportunidades de formación); una laxitud en las responsabilidades familiares; una administración ambivalente en el fomento del ocio consumista que obtiene pingües beneficios por la vía impositiva de los mismos; un gremio hostelero que con frecuencia no respeta normas, calidades, prohibiciones y que tiene una enorme capacidad de interlocución con la Administración; un sector comercial alimentario que no asume su responsabilidad y con frecuencia actúa con permisividad en la venta de alcohol.

Frente a estos elementos esencialmente estructurales, debemos responder a través de proyectos microsociales complementarios que hagan frente a esta realidad en cada lugar, conforme a las necesidades y características del fenómeno, sabiendo ciertamente que los elementos comunes y las causas son significativamente iguales. En la realidad que nos debe ocupar es necesario señalar que dos son las líneas de trabajo que quedan por abordar y que merecen ser exploradas. Ambas tienen lugar en el territorio de fomento de las responsabilidades personales y familiares.

Un proyecto de intervención en infancia-adolescencia que trabaje las responsabilidades juveniles a través de la formación del mediador de salud juvenil en el espacio del centro escolar, como un auténtico agente de salud que adquiera un cierto protagonismo y una cierta relevancia en el medio social escolar, y la constitución de equipos juveniles que tengan a su disposición medios y sean canalizadores de las inquietudes, dudas o necesidades de sus compañeros en materia de educación para la salud e información.

Es el ámbito escolar y es el compañero el que, en edades de fuerte apego al grupo de iguales, puede transmitir y canalizar las necesidades con el apoyo técnico correspondiente por parte de profesionales cualificados, orientadores, profesionales de salud y de servicios sociales de zona.

En segundo lugar, es necesario desarrollar un proyecto de apoyo familiar a través mediadores familiares a domicilio, especialmente en aquellos casos en los que se detecte incapacidad en el control del comportamiento.

Se brindarían apoyos y orientaciones a familias que hayan pasado por procesos similares y estén en condiciones -desde su experiencia- de proporcionar, con los apoyos profesionales pertinentes, estrategias, herramientas y competencias a las familias desbordadas, en complementación con los recursos comunitarios correspondientes y los programas de ocio alternativo comunitarios.

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