Opinión: Una reflexión para el sínodo.

JUAN IGNACIO GONZÁLEZ – EL COMERCIO

ME pido participar, desde el ateísmo militante que práctico desde hacer más de 37 años, desde el ateísmo ortodoxo en el que vivo instalado desde hace al menos veinticinco de ellos, y desde el ateísmo de la tolerancia que vengo practicando en la medida que me hago mayor, me pido, digo, participar en los debates ajenos.

Próximo el sínodo al que convoca el arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro, me pido colaborar en que la Iglesia haga sus reflexiones sobre sus vacíos, sus pérdidas, sus ausencias, sus paradojas de financiación, despechando pero amando profundamente el arca pública, manifestándose frente al poder civil, pero exigiéndole resolver sus propias insolvencias, resolver las consecuencias del abandono masivo de al menos dos generaciones de fieles, ya nunca más ganados para la Iglesia, por su deriva hacia ninguna parte y por sus ortodoxia y por su intolerancia para con algunos sujetos de mal vivir como para la ortodoxia eclesial. Son las mujeres, los homosexuales, los jóvenes, los divorciados y otras almas del corolario rechazado de la mater amantísima.

En todo este proceso de alejamiento de la gente, hay una pregunta que no es, precisamente, retórica: ¿por qué se llevan tan mal los derechos de las mujeres y la religión? Ya sé que no se trata sólo de la nuestra o de todas las monoteístas, pues, como podemos ver, el brahmanismo o el budismo también plantean la discriminación como regla.

No existe ningún campo de las sociedades modernas donde sigan existiendo valores consagrados, nunca mejor dicho, de desigualdad radical de género, salvo en la religión.

Ni en la ciencia, ni en el arte, ni en el deporte, ni en la política, ni siquiera en el mercado hay reglas explícitas contra la igualdad de género; antes bien, se aprueban leyes sobre todo lo contrario, con rechazo explícito de la Iglesia, por cierto, o al menos porque quienes políticamente dicen encontrarse más cerca de ella y se manifiestan juntos, como existe en la actualidad en el seno de las prácticas y las organizaciones religiosas.

¿Por qué? ¿Es la religión, lo son todas intrínsecamente misóginas? No parece, a simple vista, que tengan que ser más misóginas que clasistas o racistas. Pero las organizaciones religiosas no dicen que alguien, por ser negro o pobre, no puede ser obispo o ulema, como lo afirma con respecto a las mujeres.

En la religión estamos todavía ante una desigualdad formal premoderna y precapitalista, como la que existía en el feudalismo o en lo regímenes racistas. La hipótesis explicativa de por qué la religión es una isla de desigualdad de género puede ser que ésta no es sino el residuo histórico de sistemas patriarcales, donde se formaron las actuales religiones.

Pero esta hipótesis no explica por qué, en otras materias, la religión se ha adaptado ‘al espíritu de los tiempos’, de mejor o peor gana -como es el caso de la ciencia o la política- y, sin embargo, en lo tocante a las mujeres, no. ¿Y si resultara que parte del éxito de la supervivencia de la religión reside en haber sido un reservorio de desigualdad de género, un reducto privado de la dominación masculina?

Por medio de instituciones como el matrimonio, la familia, la maternidad o la organización moral de la sexualidad, la religión -todas lo han hecho- ha mantenido una poderosa y oculta fuente de legitimación y estimulación de la dominación masculina.

Esto explicaría que las grandes confrontaciones políticas de la izquierda con la Iglesia en España hayan sido la legislación del divorcio, del aborto y del matrimonio homosexual. Es decir, leyes que deterioran el modelo patriarcal oculto en la espiritualidad religiosa.

Sólo hay 1 comentario

  1. rafa /

    desde la iglesia se defiende que la mujer no está discriminada, sino que tiene un rol distinto al del hombre. que no se le hace de menos, sino que, al contrario se le hace de más, otorgándole otro papel, no inferior al del hombre, sino distinto.

    lo curioso del caso es la cantidad de mujeres que dentro de la iglesia aceptan ese rol, y no quieren ser sacerdotisas, sino que están conformes y de acuerdo con el modelo.

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