Menos mal que estamos en la UE

Artículo en El Comercio, 29.08.2010 de JOAQUÍN ARCE FERNÁNDEZ, DIRECTOR GENERAL DE POLÍTICA FORESTAL Y MIEMBRO DE LOS VERDES DE ASTURIAS

La humanidad pasa por una etapa de crecimiento económico desordenado que provoca una crisis medioambiental planetaria con mala solución: cambio climático, contaminación, pérdida acelerada de biodiversidad, agotamiento de la pesca o la agricultura tradicional, etcétera. Como hemos dicho en otras ocasiones, de esta crisis fatal sólo nos podría sacar un gobierno mundial fuerte, con competencias y recursos para resolver los problemas globales; un nuevo modelo de desarrollo sostenible, con decrecimiento del consumo; y un cambio tecnológico, que hoy ni siquiera imaginamos. En Europa, además, no conseguimos avanzar en la integración y sufrimos una crisis económica muy grave. Crisis que tiene mucho de decadencia, frente a la pujanza del neoliberalismo insostenible del resto del mundo. Y en España, la crisis es aún mayor, por la burbuja inmobiliaria. En Asturias, observamos pasivos, casi ausentes, todo eso. Nuestra influencia en lo global es mínima y lo que ocurra en el mundo nos arrastrará sin pedirnos opinión.
De todas formas, de momento, la vida sigue, y debemos prestar también atención a lo local. Y en esta pequeña región hacemos políticas concretas interesantes. Como nuestra educación, mayoritariamente pública, que genera cohesión social y buenos resultados académicos. Tenemos también una sanidad pública de calidad, generalizada y con iniciativas piloto innovadoras de mejora de la salud, como el ‘Proyecto Fresneda, una epidemia de salud’. Una amplia red de servicios sociales y de dependencia, que se extiende también al medio rural, etcétera. Y algunas normas urbanísticas, forestales y medioambientales avanzadas. Servicios básicos del Estado del bienestar que, a fin de cuentas, son las principales funciones que debe prestar una administración regional.
Pero también cometemos nuestros propios errores que agudizan la crisis económica y ambiental local. Errores que, casi siempre, están vinculados con los proyectos en los que se mueven muchos millones de euros. Un ejemplo, el AVE entre Lena y Gijón. En tiempo de crisis profunda, las fuerzas vivas locales claman por acelerar no se qué plazos «urgentes» y construir un nuevo trazado carísimo (unos 1.500 millones de euros), poco útil y de alto impacto ambiental. Quieren que todos nos gastemos una millonada para que, unos pocos, ahorren el tiempo de un café cada vez que vayan a Madrid. Un despilfarro. Y no quieren saber nada de otras alternativas, como exige la ley, no tan constructivistas y más de gestión, que mejoren el servicio que presta la red ferroviaria asturiana, en su conjunto, a toda la población. Ni quieren oír hablar de evaluación ambiental o de análisis coste-beneficio. Exigen tener, y tenemos, más kilómetros de AVE que Francia o Japón, AVE de Norte a Sur, de Este a Oeste, y más autovías que ningún país de Europa, siendo más pobres que ellos y moviendo muchísimos menos pasajeros y mercancías.
Y cosas parecidas se pueden decir de otras obras ‘grandonas’ y superfluas como la autovías AS-III y La Espina-Ponferrada, la incineradora, el embalse de Caliao…, que consumen los recursos que podríamos dedicar a políticas como las de saneamiento o de gestión sostenible del agua y los residuos en las que vamos muy retrasados. O, por ejemplo, a actuaciones sostenibles y generadoras de empleo como la horticultura ecológica, el transporte público, los planes de rehabilitación para el ahorro y eficiencia energética en colegios, ayuntamientos, viviendas, que nos permitirían ahorrar mucha energía y recursos para mejorar la calidad de vida y los demás servicios públicos.
Otro caso lamentable era el del segundo Palacio de Justicia de Oviedo, ahora paralizado por la UE. Un edificio de 190 millones de euros, cuyo nombre es una burla: ‘palacio’, dicen que ‘imprescindible’, cuando, en realidad, tenemos uno y no hace falta otro; máxime en una coyuntura en la que nadie debería permitirse construir ningún ‘palacio’. ‘De Justicia’, cuando en Oviedo todos sabemos que sería un monumento al asalto a la caja pública por parte de políticos y empresarios poderosos. Y un ejemplo de cómo miraron para otro lado juristas respetables como la cúpula del Poder Judicial asturiano o la comisión de secretarios técnicos del Gobierno regional, que, al igual que en el cuento del traje del emperador desnudo, cerraron los ojos para no ver la ilegalidad que apreciaba, a primera vista, cualquier estudiante de Derecho. La maniobra del supuesto «alquiler con opción de compra» para adjudicar la obra a dedo, sin publicidad ni concurrencia, y a un precio desorbitado, fue desmantelada con rapidez por la UE y por el Gobierno de Zapatero, pero a nadie en Asturias se le han exigido responsabilidades por saltarse la ley de forma tan obscena. Y parecido asunto, con distintos protagonistas, lo tenemos también en Oviedo, el aparcamiento de Uría; en Gijón, el Plan de Cabueñes; en Cudillero, convenios urbanísticos y recalificaciones alucinantes; en algunos ámbitos de la minería del carbón, etcétera.
De todo ello, lo más sorprendente es que no aprendemos. Nos hacen repetidamente casi lo mismo, y no somos capaces de reaccionar. Con el ‘pelotazo’ de la prórroga/capitalización y posterior venta de Aucalsa y Ena a Sacyr hace 10 años, por 1.400 millones de euros, nos metieron a todos los asturianos actuales y futuros un pufo ilegal y enorme, para 30 años, y casi nadie rechistó. Con el sobrecoste de más de 200 millones de euros fabricado en El Musel intentaron engañar a la UE colándoselo como si fuera una segunda fase de la obra de ampliación del puerto. La UE, tras la denuncia de Los Verdes, como era de esperar, dijo que el sobrecoste era ilegal, que la segunda fase no era tal, sino una forma de vestir ese sobrecoste ilegal y que, por tanto, no financiaría esa actuación. Y además investigó el contrato inicial. Aún no sabemos el resultado de esto último, si habrá sanciones económicas. Las autoridades responsables en Asturias echaron balones fuera, insultaron a Los Verdes y negaron la evidencia siempre. Y pese al engaño y al consiguiente batacazo económico, tampoco nadie se ha ido de su puesto.
Tantos casos similares que se repiten, tanta incomprensión y ataques a los que los denunciamos, tanta despreocupación de los mecanismos de control asturianos casi nos podrían bajar la moral. Pero, afortunadamente, nos queda la Comisión Europea. Nuestro auténtico ‘primo de Zumosol’, nuestro ángel de la guarda. Los que aquí en Asturias parecen dioses todopoderosos y se saltan sin problemas las normas, allí, en Bruselas, no pintan nada, nadie los conoce y a nadie asustan. Y la UE, para alivio nuestro, y para su desgracia, en seguida les tumba la jugada.
¡Gracias, Europa!

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