¡Más madera!

El eucalipto no es la panacea del sector forestal, hay que apostar por la industria de maderas nobles

Artículo en La Nueva España, el 8 enero 2010, de VÍCTOR M. VÁZQUEZ NUMERARIO PERMANENTE DEL REAL INSTITUTO DE ESTUDIOS ASTURIANOS

Hay temas que parecen tabú cuando se mencionan en círculos conservacionistas o ecologistas; uno de ellos es el de la pervivencia en nuestra región de la floreciente explotación de un árbol alóctono, el eucalipto azul, eucalipto común o, en latín científico, Eucalyptus globulus.

Confieso no sentir personalmente la más mínima atracción hacia las plantaciones de eucaliptos y que, como especie fuera de su entorno geográfico natural, sólo llaman mi atención algunos ejemplares de gran porte que están, seguramente, entre los mayores seres vivos que habitan en Asturias.

Pero ante la situación generalizada de crisis, que en nuestra tierra -no cansaré de insistir- no sólo parece económica, sino también de identidad, valores, ideas y proyectos, creo que una explotación forestal ya más que centenaria merece algunas reflexiones.

El eucalipto comenzó su expansión por la cornisa cantábrica allá por el último cuarto del siglo XIX y desde entonces, con los consiguientes altibajos, la superficie forestada con la especie no ha parado de crecer en detrimento de otros espacios agrarios como prados, tierras de labor o montes arbolados con especies autóctonas caducifolias.

Fue en la segunda mitad del siglo XX, coincidiendo con el mayor incremento del éxodo rural, cuando las tierras bajas asturianas experimentaron el cambio paisajístico que supuso la plantación masiva de eucaliptos (¡nos han robado el otoño en tantos sitios!, escribí en alguna ocasión) y desde entonces la superficie de eucalipto no ha dejado de crecer hasta el punto de que, en palabras de nuestro director general de Política Forestal, Joaquín Arce, ya hemos alcanzado el objetivo que el plan forestal asturiano planteaba para el año 2033 y que era de 58.000 hectáreas.

Paralelamente a la expansión del cultivo, la industria papelera instalada en Navia, hoy integrada en la multinacional Ence, se ha revelado como una de las grandes industrias asturianas, alcanzando anualmente la producción de 500.000 toneladas de pasta de celulosa de eucalipto ECF (libre de cloro elemental). Tras recientes inversiones, la asturiana es una moderna factoría que cuenta con las pertinente certificaciones de funcionamiento y ambientales y que desarrolla una labor encomiable de I+D+i, aunque tal vez debiera vincularse más a nuestra Universidad, como la compañía hace en Andalucía y Galicia. Además, una planta de biomasa para la obtención de energía eléctrica a partir de los desechos de las plantaciones complementa las instalaciones naviegas.

Tenemos, pues, dos cosas imprescindibles, materia prima (eucaliptos) e industria transformadora, ¿debemos conformarnos y dejar que el mercado imponga sus criterios?, no, claramente no. Los cultivos de eucalipto ni son la panacea del sector forestal asturiano, ni son inocuos ambientalmente, ni deben expandirse exponencialmente.

En primer lugar, y así lo entiende el Gobierno regional, bajo ningún concepto puede permitirse la introducción de otras especies de eucalipto capaces de colonizar las tierras altas asturianas por su mayor resistencia a los rigores invernales, pues darían al traste con las políticas de conservación de nuestro paraíso natural que se llevan aplicando hace ya más de dos décadas. Además, los cultivos de Eucalyptus globulus requieren una reordenación para convertirlos en modernas explotaciones, con una superficie mínima y unos objetivos de producción a medio plazo, una compensación ambiental en superficie forestada con especies autóctonas y unos sistemas de lucha contra los incendios hoy casi inexistentes.

Por otra parte, aquellas plantaciones de nula o escasa rentabilidad deberían ser erradicadas, al igual que las que supongan alteración de valiosos ecosistemas naturales dada la capacidad invasora de la especie (dunas y vegas, por ejemplo). La misma política debería desarrollarse sobre los eucaliptales que se ubiquen en los espacios naturales con máxima protección, en territorios emblemáticos (observen, amigos lectores, las degradadas laderas del monte Naranco, por ejemplo) y en los dominios públicos de costas y riberas. Toda esta producción debería destinarse a su validación energética y los terrenos liberados, a la regeneración de sus ecosistemas naturales, devolviéndole a la sociedad el patrimonio paisajístico perdido.

En fin, que no está Asturias para talibanismos con la industria papelera, sino todo lo contrario, lo que se puede conseguir con algo más de orden y planificación. Pero vuelvo a insistir, el eucalipto no ha de ser la panacea del sector forestal, hay que apostar fuerte por un sector industrial propio de las maderas nobles (ebanistería y carpintería) sustentado en grandes extensiones de bosques autóctonos -que no cultivos-, que es lo que la naturaleza nos ha venido regalando desde hace milenios, a pesar de nuestros permanentes desprecios y desplantes.

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