Opinión: El fíu de San José

MIREN ustedes, yo soy de la margen izquierda del Caudal, de Seana, un pueblecito que domina una de las lomas frente a Mieres del Camino. Pero descubrí lo que significa eso a los once años, después de ocho años de emigración en Europa (que es otra forma de exilio) y un añito de emigración catalana (por eso soy del Barça, como una religión).

Recién llegados para quedarnos, sólo por un tiempo, en la orilla izquierda del puente la Perra, a aquella estación del Norte -entonces la única del tren en Mieres, y hoy ya abandonada por los años y la ruina-, recién apeados del tren de Barcelona, mi padre se encontró con San José, que por aquel entonces aún despachaba billetes en la taquilla de la estación. La cordialidad, la costumbre, la larga relación con mi abuelo, factor de Renfe, y la vecindad de las casas, él en el barrio Gonzalín y mi abuelo en las casas del Norte al pie de la estación, nada más decirle que me gustaba lo que cantaba su hijo (al que había podido ver en el 71, en las fiestas de Gracia, el barrio barcelonés con más solera donde por aquel entonces vivía una tía mía), San José sacó de la guantera una foto de Vitor, editada por Belter, su casa discográfica en aquel entonces (si no recuerdo mal), con el pelo corto, el jersey de lana y esa pose de cantante que no se come un rosco, pero que ha sido capaz de escribir los himnos de mi infancia, la banda sonora de mi larga hégira, (junto con las coplas que mi madre cantaba entre labores).

De Vitor me sé todo, puedo jurarlo; no he perdido casi ninguno de sus conciertos, solo o acompañado; incluso recuerdo su respuesta en Los Maizales, el Día de la Cultura, cuando alguien le conminó a que cantara ‘Franco, ese hombre’, que compuso para los veinticinco años de paz, cuando tenía 17 años: «Hay algunos que tienen el entendimiento a la altura del culo», respondió y siguió cantando junto con Pilar de murallas que se abren y se cierran, tal y como escribió Nicolás Guillén. Aunque el culo es una cosa muy seria, de la que no se debe hablar alegremente, la respuesta sigue siendo válida hoy en día.

Y, aunque luego la vida nos fue juntando y alejando, por su desencuentro con la ortodoxia (el mío vino más tarde) o por su acomodación en la SGAE, tengo de Vitorín las noches de canciones y de bares, las nanas de sus hijos cantadas para el mío, las romerías y los paxarinos, y me gusta más Garfias en su voz que el himno de ‘borrachos trepadores’ que hemos formalizado como el nuestro.

Así que ya lo ven, yo que no soy nada mitómano, yo que me atrevo a decir que Melendi me parece un adefesio (porque ‘colgaos’ lo somos todos), que sería un buen ejemplo para los jóvenes asturianos que le quitaran el premio Príncipe de Asturias a Fernando Alonso por capullo, por sobrao, por listillo y por tramposo, y porque soy republicano, ¿qué carajo!, debo decir que cuando Diego Carcedo le preguntó el domingo en el Jovellanos, antes de que nos rompiera con la ‘Carta de un minero a Manuel Llaneza’, antes de rematarnos con el himno oficioso del paraíso que se va, sin que nadie pueda detenerlo, como se fue la fabrica de Mieres, el río negro, la estación, y mi padre un mal día, yo que nací la noche de los mártires y, por lo tanto, estoy uncido por Cosme y por Damián, cuando Carcedo le preguntó, repito, qué cosas le hacían ser un hombre cabreado hoy, tal y como se definió un instante antes, y Vitor lanzó el exabrupto que le salió del fondo del alma, sobre otro Camino, más torticero que el nuestro, yo aplaudí.

Porque, aunque he trabajado con muchos hijos de puta (literalmente) y, aunque no sea políticamente correcto sostener el insulto, cabrearse es un derecho. Yo opino lo mismo que Vitorín, faltaría más, si soy de Seana, a cuatro pasos de la casa de su abuelo, el que fumaba, como yo, a escondidas.

Sólo hay 1 comentario

  1. Chica Verde /

    Yo guardo un recuerdo inolvidable de un concierto de Victor Manuel en Gijon, hace ya muchos años ( 1996 ) …con el Molinón lleno de miles bengalas y mecheros encendidos mientras cantaba la cancion de » Asturias » , y sin ser asturiana , se te ponían los pelos de punta.
    Me gustaría poder volver a a percibir todas las sensaciones que acompañaron a ese concierto y que seguramente no son otra cosa que la nostalgia cuando los años pasan…

Comentario Cerrado