Opinión: Oscos-Eo, Reserva de la Biosfera

Hemos consultado a Ramón Margalef (1919- 2004) acerca de su opinión sobre la declaración como Reserva de la Biosfera otorgada por la UNESCO a la comarca asturgalaica Río Eo, Oscos y Tierras de Burón. La visión del maestro español de la ecología sobre las figuras de protección del territorio es clara: es el único camino, sin ser lo ideal. La única vía de conservación del territorio, dada la brutal capacidad técnica de nuestra sociedad, con poder para desmochar montañas y rellenar valles, productora de sustancias químicas desconocidas en la naturaleza, con una población creciente, generadora de grandes cantidades de residuos, a la vez que demandante de inmensas masas de materias primas vegetales, animales y minerales, es el acotamiento de espacios. Estos espacios han de ser a la vez representativos y contar con la extensión suficiente para garantizar la conservación de los ecosistemas. Procede recordar aquí el efecto borde: especies específicas de ecotono proliferan debido a la parcelación de nuestros bosques: ya hay más bordes que bosques. Y sin olvidar que con la política de conservación de parcelas del territorio se corre un riesgo importante: que todo valga fuera de los espacios protegidos, que ni siquiera la salud y el bienestar de las personas sean merecedores de respeto.

Volviendo al caso concreto que nos ocupa, hay que señalar que la figura de las Reservas de la Biosfera, hasta el momento, no cuenta con relevancia jurídica en España. Es únicamente una etiqueta internacional, de prestigio, que reconoce unos valores y propone la puesta en marcha de unos mecanismos de conservación, participación, demostración y desarrollo sostenible.

Pero esta declaración, a corto plazo, puede tener un valor adicional y ser muy oportuna. Estos días, en las Cortes, se está tramitando la nueva Ley de Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, la “Ley Narbona”, que entre otros aspectos de gran interés ambiental, abordará la regulación y potenciación de la Red española de Reservas de la Biosfera, buscando que con ellas se consiga una gestión integrada, participativa y sostenible del patrimonio y los recursos naturales. Además esta Ley creará un Fondo para el Patrimonio Natural y la Biodiversidad que actuará como instrumento de cofinanciación dirigido a asegurar la cohesión territorial y la consecución de los objetivos de la Ley. En 2008 este Fondo tendrá una dotación de más de 48 millones de euros.

De todas formas, y pese a su interés, la etiqueta de Reserva de la Biosfera no garantiza en sí misma la preservación de los valores que la motivan. Al respecto nos ilustra Margalef: «La intelectualidad se niega a aceptar al hombre como vástago de la naturaleza y hay un desinterés total en la inserción de la actividad humana en el entorno». Los políticos, los técnicos, los creadores de opinión en suma y los propios habitantes son quienes van a decidir el futuro de la comarca. Una mano de nuestro gobierno planifica la explotación energética masiva (viento, agua, líneas de alta tensión…), mientras otra mano de esa misma administración lleva gastadas ingentes sumas en el desarrollo del turismo sostenible de naturaleza y campo, además de forma pionera. Una tercera mano (nuestra administración es como la diosa Kali, con la diferencia de que una mano suele ignorar lo que hace otra) apuesta por la naturaleza (humanizada) por delante de otras consideraciones. Otra mano apuesta por la ganadería extensiva y la agricultura sostenible.

La solución adecuada, el método apropiado, suelen dar resultados desastrosos en las manos equivocadas. Insiste Margalef en denunciar “el impacto sobre el paisaje español provocado por el incontrolado desarrollo”. Es decir, ahora importa la gestión que se haga, y el rumbo de las administraciones parece ir por el hormigonado y la urbanización del campo asturiano. Siguen en boga políticas de colonización del territorio y de roturación de bosques, incluido el uso del fuego en la agricultura y la ganadería, tal como se hacía en la revolución neolítica. La diferencia es que ahora, en España, vivimos 45 millones de personas y hemos llegado realmente al límite en la explotación de los recursos. Crecimiento ya no significa “desarrollo” y “progreso”, sino que, muchas veces, puede identificarse con “catástrofe”. En este sentido debería limitarse normativamente el “turismo residencial” por su inasumible impacto social, ambiental y económico.

Bienvenida la nueva Reserva de la Biosfera. El día 20 de este mes se celebrará en Vegadeo un gran acto institucional para su presentación y en él se vislumbrará lo que puede dar de si esta figura y si existe en los gobiernos asturiano y gallego una auténtica voluntad de sostenibilidad. Esperemos que la Reserva sirva para algo más que para promocionar la venta de chalets en Madrid y País Vasco. Nos consta que en la comarca hay gentes comprometidas y que no adoran el becerro de oro; en ellas seguimos confiando.

Y de paso, ante la rápida y en cierto modo sorpresiva tramitación de esta Reserva, nos preguntamos por qué no se declaran también de una vez los paisajes protegidos de las costas oriental y occidental asturianas previstos desde 1994. ¿Hemos llegado tarde? ¿Ha llegado primero la hormigonera?

Margalef fue el precursor de la ciencia ecológica en España y el inaugurador de la primera cátedra de Ecología de nuestro país, abierta en 1967 por la Universidad de Barcelona. Premio Nacional de Medio Ambiente de 1984, se negó a recogerlo por su desacuerdo con el escaso compromiso medioambiental del gobierno español.

Ramón Margalef sigue vivo en nuestra memoria y en nuestro archivo.

Enrique Fernández Menéndez y Joaquín Arce Fernández, Miembros de la Mesa Federal de Los Verdes de Asturias.

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