Opinión: De himnos y banderas

RETOMANDO el artículo, magnífico, de mi buen amigo Ricardo Menéndez Salmón, publicado en EL COMERCIO en días pasados, sobre la oportunidad de dotar de letra al himno nacional, y recuperando la vieja canción que nos propone como himno, que yo atribuyo a Brassens, cantada luego en castellano por Paco Ibáñez, hay en ella una estrofa magnífic, que concluye, efectivamente, con aquello de «la música militar nunca me supo levantar» y, aunque a servidor, que hizo la mili en Irún, sí lo levantó durante 374 días (pernoctas aparte), escuchar los chundas chundas y tachines tachines se la trae francamente al pairo.

Los himnos me producen poco sentimiento de pertenencia, por no decir ninguno. Ya advertí el otro día que cada cual tiene la banda sonora de su infancia, y los himnos de su generación, y que con eso basta, que el himno de «borrachos trepadores» que hemos oficializado como nuestro o, por no herir más a gentes que me han recriminado mi definición, el himno de «afines al alcohol», la escalada vegetal y la novia dubitativa (¿la pone en el balcón o la deja de poner?), me produce el respeto de rigor, el justo para no salir corriendo buscando al letrista, que encima parece ser que era cubano sonero de principios del XX.

A mí, que procuro huir de enfundar la camiseta nacional, de llevar banderita con toro de Osborne y llorar como un loco cuando nos eliminan, a las primeras de cambio, de cualquier capullez deportiva, como de la peste, que mido el deporte por el esfuerzo y la entrega y no porque luzca alto y claro el logo patrio y suene el chunda chunda en el podio, artilugio al que aborrezco más todavía que a la tarima en la que me tengo que subir todos los días, y de la cual bajo tan rápidamente como puedo (unos 30 segundos como media); a mí que los dioses en los que creo no son los laureados en la grecorromana, sino los curritos de fiambrera y almanaque, con ojos arrasados de frío y madrugada, los cazalleros del tempraneo que son los que levantan el país, y no los nadales, los alonsos y otros sujetos de buen vivir, los ‘primus inter pares’ de la España de pan y circo permanente, con la que nos jalean, he de confesarles, además, que me ocurre igual con las banderitas, las banderolas, las banderazas y las banderías (qué podría decirles de las banderillas, esa costumbre bárbara de señoritos y de muertos de hambre), que la juré en Irún dirán algunos, falso porque fue en Vitoria. Pero también juré los Mandamientos y los principios fundamentales del Movimiento (de alguna manera, entiéndase), y que no suspendería nunca Física, y que los Reyes existían, y no que no dejaría a una novia muy guapa, cuando tenía cinco años, que me duró cinco días, cuando apareció por la ‘guarde’ una italiana de trenzas terribles y ojos de abismo…

Cada uno tiene su trapito y su banda sonora. Asimismo, si recuerdan bien, las banderas nos han servido, además de para tener que aprenderlas de memoria, igual que los reyes godos (qué pijada), cuando lo que molada era saberse la alineación del Barça y la delantera del Sporting (cuando era el acojonador por los campos de España), para que cada uno se la apropie, y se limpie las partes con ella, y la embista o la queme o la bese a rabiar (que es otra forma de quemarla).

De modo que ya ven, si hoy es 12 de octubre y no se llama usted Pilar (lo digo porque si se llama usted así, tendrá que aguantar no menos de cuarenta llamadas de parientes que le darán el rollo), tómese el día libre, cante lo que quiera, póngase usted el trapito de siempre y salga a la calle a disfrutar, que el lunes vuelve a tocar fiambrera.

Hágalo «con orgullo y con la cabeza bien alta» y que les den a todos, que la única bandera que debe lucir es la de sus derechos y el único himno que tiene que oírse es de los achuchones y los besos, que, sin duda, merece. Y yo también (por si me encuentra por la calle, digo).

Hay 3 comentarios

  1. kike /

    España es el lugar del mundo menos «nacionalista»: pasamos de la bandera, la ponemos sin cumplir los reglamentos, adulterada, no temos himno, ni nos llevamos la mano al corazón al sonar la cancioncita. Los países que lo hacen, además de patéticos, tienen muy pocos años de existencia, en comparación…Ahora nos quieren quitar algo bueno que tenemos: no ser papanatas con himnos y banderas. Y este retroceso va a ser por causa delos nacionalistas catalanes, vascos y gallegos, los que matan por su himno (recién inventado) y su bandera ( casi, en términos comparativos).

    En Asturias mejoramos lo anterior: el himno es una copla de romería, universalmente conocida, que incita al cortejo amoroso, a llevar una flor del árbol hasta el balcón de la amada. Por contra, qué dicen los himnos vasco, catalán y gallego: la lucha, la grandeza frente a los demás, inferiores y opresores, nosotros los hijos de un dios…(el soldado vasco, cataluña triunfante, los hijos de breogán…)

    Hay quien afirma que el origen del Asturias Patria querida es polaco, puesto que allí se conoce la canción; no apoyo esta tesis por el motivo revelador de que cantan «nuestra» letra ¡los polacos!, en español…

  2. rafa /

    kike, el himno asturiano tiene letra cubana y música polaca. La letra la creó un cubano, hijo de un emigrante asturiano, que estaba alucinado con el cariño que su padre le tenía a su tierra. La música es polaca, de los mineros de Silesia, que tienen una canción idéntica (aunque habla de otra cosa, claro) y la cantaban cuando venían a la mina asturiana (o cuando los asturianos iban a la mina polaca, esto no lo recuerdo).

    Se editó hace poco un libreto explicando una investigación que se realizó sobre esto.

    Dicho esto, yo tengo la bandera de Asturias puesta en mi casa (para algo soy emigrante y nos la llevamos debajo del brazo ;), pero suscribo totalmente el último párrafo del artículo de Nacho (incluyendo lo de los besos, claro ;)

  3. kike /

    El investigador escuchó la melodía del Asturias Patria Querida en Polonia, le dijeron que era tradicional y preguntó por la letra a los músicos: le soltaron nuestra letra en spanpolski. Yo cuidaría de sacar conclusiones definitivas a la ligera. Lo de la letra de origen cubano, es verosímil, espero que De la Puente estuviese lo suficientemente sereno al escribir el libro, y González no demasiado exultante al corregirlo (tiende a modificar las tesis del autor acomodándolas a su propio criterio). Espero que me perdonen ambos y me sigan abriendo la puerta cuando voy de visita…
    A día de hoy, no acabo de creer que los frixuelos de Oviedo, solos o rellenos con cremas, mermeladas, chocolates, verduras…los fayuelos del Nalón, los fisuelos y filluelos del occidente, feixolos, freisolos…etc que pueblan Asturias en mil formas y nombres, sean un invento francés llamado crêpe. La tradición, difusión y variedad denominativa apuntan a un origen asturiano, difundido luego por los peregrinos a Santiago, esa peregrinación inventada en Oviedo por el rey Alfonso II, sobre la presunta tumba del hereje Prisciliano, devenido por interés político en apóstol Yago/Jacob (Sant Yago, Sant Jacob…). Dentro de unos años, la bebida nacional vasca se escanciará desde lo alto como costumbre inmemorial…Ya lo están diciendo. Y se han llevado llagares antiguos asturianos a museos y sidrerías/bodegas de P. Vasco y Rioja
    En cualquier caso tenemos cosas buenas que no deberíamos perder: en España no hay papanatismo con el himno y la bandera (lo gastó todo Franco…), y el himno de Asturias es una canción de romería que canta todo el mundo, sea de donde sea. Yo no escucho cantar Els Segadors, el Eusko Gudariak ni O Breogán a la gente alegre y contenta de cualquier origen. por eso me fastidia que el Asturias… sea himno, porque tiende a reducirlo a nuestra región, cuando popularmente es universal. Pero mejor un himno así que no otro que incite a odiar al vecino.
    La bandera te identifica con tu lugar de procedencia, con tu infancia; es intolerable que algunos asesinos se envuelvan en su correspondiente bandera como justificación. «Ojalá todo el mundo amase tanto a mi país como yo» (textual de John Rambo, el que no sentía las piernas…:)

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