El calentamiento global y la energía nuclear

El calentamiento global y su posible solución aumentando el uso de la energía nuclear es un tema de debate en la actualidad. En este artículo quisiera discutir estos dos conceptos haciendo uso de las llamadas «hipótesis estadísticas», que se utilizan en el control de calidad de los resultados de los laboratorios analíticos y se pueden aplicar también a multitud de temas científicos y sociales. Una hipótesis estadística es una pregunta que nos hacemos sobre el resultado del análisis que tiene sólo dos respuestas posibles: sí o no. El ejemplo típico es el análisis de anabolizantes en la orina de un deportista. La pregunta es: ¿toma anabolizantes este deportista? Dado que todo resultado analítico está sujeto a errores de estimación, debemos utilizar las hipótesis estadísticas para que la probabilidad de equivocarnos en la respuesta (sí o no) sea mínima. El problema es que una equivocación en un sentido es mucho más grave que la misma equivocación en sentido contrario. Me explico: supongamos que el deportista no tomaba anabolizantes y el resultado analítico sea positivo. En ese caso cometemos un error denominado «de primera especie», que es mucho más grave que cometer el error contrario, es decir, concluir que el atleta no tomaba anabolizantes cuando en realidad así lo hacía (error de segunda especie). En química analítica se utilizan criterios estadísticos para minimizar la probabilidad de cometer errores de primera especie sin importarnos tanto cometer errores de segunda especie. Estos criterios también se utilizan en la justicia ordinaria, ya que es mucho más grave mandar a la cárcel a un inocente que exonerar a un culpable. Una vez establecido el marco teórico, quisiera discutir sobre el calentamiento global y la energía nuclear en el contexto de las hipótesis estadísticas.

Comenzando por el calentamiento global: ¿qué es más grave, negar el calentamiento global cuando en realidad existe o aceptar la hipótesis del calentamiento global cuando en realidad no existe? ¿Qué probabilidad de error debemos minimizar? Cualquier persona en su sano juicio aceptará que es mucho más grave negar el calentamiento global cuando en realidad está existiendo que aceptarlo cuando en realidad no existe. Vamos a discutir un poco las posibles consecuencias de estas decisiones cuando ambas son erróneas.

a) Negar el calentamiento global que sí existe. Esta decisión me recuerda a la famosa frase asturiana «tira p’alante que libres». Seguiremos quemando petróleo, gas y carbón hasta que se acabe. Las energías renovables no se desarrollarán hasta que no quede más remedio y ya será tarde cuando el agua nos llegue al cuello al derretirse los polos. Obviamente, las consecuencias de esta decisión errónea pueden ser terribles para el planeta.

b) Aceptar un calentamiento global que no existe. Cuando aceptemos la premisa del calentamiento global, aunque sea falso, entonces empezaremos a desarrollar otras fuente de energía como las energías renovables, utilizaremos la energía de una forma más eficaz, desarrollaremos sistemas de atrapamiento de CO2, etcétera. Habrá un gran desarrollo científico que nos permitirá mitigar las posibles consecuencias del cambio climático. Si al final nos damos cuenta de que el cambio climático era una broma pesada, ¿qué hemos perdido? Nada. Al contrario, habremos ganado mucho.

Parece que hoy en día ya nadie discute que el calentamiento global es una hipótesis aceptable (errónea o no), por lo que ahora se empieza a discutir: ¿qué hacer para frenar el calentamiento global? Algunos científicos y líderes políticos propugnan retomar el tema de la energía nuclear como la solución ideal para frenar el calentamiento global, sin pensar sobre las posibles consecuencias que esa solución puede traer al planeta. Por tanto, vamos a hacer una nueva hipótesis estadística una vez aceptada la del calentamiento global: ¿es la energía nuclear la solución más adecuada al calentamiento global? Vamos a ver las consecuencias de equivocarnos en esa decisión.
a) Incrementar el uso de la energía nuclear cuando en realidad era peor que el problema que queríamos resolver. Muchos de los que estamos en contra de la energía nuclear creemos que la ciencia no podrá resolver de forma satisfactoria el tema de los residuos nucleares de alta actividad con isótopos radioactivos de millones de años de vida media y muy móviles en el medio ambiente (cesio-135, yodo-129 y neptunio-237). Por otro lado, está la necesidad de vigilar estos residuos durante millones de años evitando su posible manipulación y uso «delictivo». Mi opinión es que la energía nuclear es un pacto con el diablo del que no conocemos sus consecuencias finales para el planeta. Si se liberan estos isótopos móviles y de larga vida media, ya sea por accidente o intencionadamente, las consecuencias para el planeta pueden ser devastadoras. Por tanto, no conviene equivocarnos en este tema.

b) Abandonar la energía nuclear cuando en realidad ésta sí era la solución ideal para luchar contra el calentamiento global. Si abandonamos la idea de que la energía nuclear es la solución al calentamiento global, entonces tendremos que pensar en otras energías alternativas. Hoy en día sólo nos queda el posible uso de la fusión nuclear, aún sin desarrollar, o las energías renovables. Si abandonamos la energía nuclear, tal vez la Unión Europea firme otro tratado similar al de «Euratom» para desarrollar las energías renovables y hacerlas factibles económicamente. Temas a desarrollar serían la energía fotovoltaica, la energía eólica, la energía de las olas, la energía geotérmica, la fotosíntesis artificial, el hidrógeno como combustible, etcétera. Habría que realizar un gran esfuerzo investigador en poco tiempo y desarrollar todas estas fuentes de energía alternativas haciéndolas más baratas y fiables. Si al final resulta que nos equivocamos y vemos que no se puede frenar el calentamiento global con las energías renovables, las consecuencias serán menos devastadoras que si nos equivocamos en sentido contrario.
Por tanto, exista o no exista el calentamiento global, la energía nuclear nunca será una alternativa válida si queremos minimizar los riesgos de extinción en este planeta. Por tanto, cuanto primero nos pongamos a trabajar seriamente en el desarrollo de las energías renovables menos probabilidades habrá de que el calentamiento global se nos lleve a todos por delante.

José Ignacio García Alonso es catedrático de Química Analítica en la Universidad de Oviedo.

Hay 2 comentarios

  1. kike /

    Excelente. Magnífico planteamiento intelectual del autor. Mi enhorabuena

  2. video tragaperras /

    Creo que la energía nuclear no es una alternativa válida, de hecho, pues nos pondría a todos en situaciones de riesgo tales que Chernobyl. Depender de los combustibles fosiles y del carbón nos llevará a la extinción progresiva, pero optar por el nuclear será como asesinar pronto nuestro final en cuanto humanidad.

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