Opinión: ¿Ay protocolo!

SOBRE el cambio climático no se pueda banalizar, no es una cuestión que se pueda cuantificar en términos económicos, es posiblemente el problema económico más grave que va a afrontar la humanidad y posiblemente también el problema económico más grave que va a afrontar este país, porque no hay que olvidar que la extremización del clima, supone un impacto directo sobre dos sectores que tienen un eje central en nuestra economía, como son el turismo y la agricultura.

Por lo tanto, aun siendo un problema de carácter económico de dimensiones colosales, es también un problema que afecta a la biodiversidad, que afecta, en definitiva, a todos los aspectos ambientales, porque ambiente es igual a clima y cambio climático es igual a cambio ambiental.

Pero también afecta a la salud. Los estudios rigurosos demuestran que la subida en dos puntos de contaminación en ciudades como Sao Paulo, Nueva York o México, supone un aumento en diez puntos de mortalidad. Por lo tanto, no estamos hablando de ningún problema menor, sino de un problema central y lo que resulta escandaloso es que en once años, aquí casi no se haya podido hacer nada, no se haya podido ni siquiera hablar ni afrontar este problema de manera seria.

En España la temperatura ha crecido durante los últimos 23 años en un grado y medio; 1,5 frente al 0,9 de crecimiento de la media mundial. De seguir esta tendencia, a mediados del siglo próximo la temperatura habrá crecido en España dos grados y medio. De modo que el problema es especialmente grave para Europa y especialmente grave para España.

El Protocolo de Kioto es un instrumento que inaugura, por primera vez en la historia de todo el proceso de industrialización, un acuerdo multilateral e internacional de desaceleración selectiva e intencionada del crecimiento de la contaminación.

Es la primera vez en el proceso de industrialización que hay un acuerdo para reducir el proceso de contaminación y se da un giro radical a la antigua ecuación que decía: a más crecimiento, más desarrollo y más contaminación, orientándose precisamente a la lógica de la eficiencia. Se deben abordar pues estas cuestiones que son absolutamente centrales.

En España, se estaba en un 43 por ciento de crecimiento de los gases de efecto invernadero hace apenas tres años. De seguir la lógica y la ratio de producción, en el 2012 estaríamos por encima del 70 por ciento de gases de efecto invernadero.

El problema hay que situarlo en la intensidad energética. La eficiencia energética agregada de nuestro país es una eficiencia cada vez peor. Hemos retrocedido en eficiencia energética, aumentando nuestra intensidad energética, cuando, sin embargo, la Unión Europea ha mejorado la misma.

La reducción de emisiones, la reducción de contaminación, el estímulo hacia la mejora tecnológica, y el estímulo hacia la eficiencia, son incentivos fundamentales, que establecen cuatro grandes reflexiones para el debate, en primer lugar cómo se va a continuar con la congelación o estabilización de las emisiones, más allá del horizonte de 2012; en segundo lugar, cómo es posible mitigar los efectos económicos negativos que, sobre las economías desarrolladas, contiene precisamente esta congelación de las emisiones; en tercer lugar, cómo se van a incorporar, al control de las emisiones, potencias de países no desarrollados emergentes, como es el caso de China, India u otros países de este tipo, que, si bien no son países desarrollados, precisamente por ese carácter emergente, están suponiendo ya unas cifras importantes y, en cuarto lugar, cómo podrían colaborar los países desarrollados en el desarrollo de los países no desarrollados, que ni siquiera son potencias emergentes, a través de los mecanismos de desarrollo que el protocolo de Kioto implica.

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