Opinión: Disparar primero

La eliminación de 200 cormoranes grandes en Asturias es una acción desmesurada, gratuita e inútil. Puro «marketing» para contentar a una parte de los pescadores (otro sector reconoce los verdaderos problemas de la pesca y de los ríos) y dar la impresión, con vistas a la opinión pública, de que se hace algo. Lo mismo que criar «pitos» en Redes para recuperar al urogallo, cuando diversas experiencias desarrolladas en países europeos han demostrado que sólo sirve para que haya aves en el monte mientras se realizan sueltas de cientos de ejemplares cada año; una vez se deja de repoblar, su número cae de forma fulminante. Claro que «vende» más montar un gallinero que realizar un trabajo sordo para cuidar el hábitat del urogallo y tratar de compensar los desequilibrios que le afectan. Pues esto de los cormoranes es lo mismo. Para empezar, no se justifica la necesidad de la medida (los estudios realizados no demuestran el perjuicio de los cormoranes sobre las poblaciones piscícolas, por eso se han enterrado en cajones). Y ¿por qué 200? Además, se puede matar a cuantos cormoranes se quiera; el año próximo volverá a haber los mismos, o más, porque su número sólo depende del desarrollo de la cría en los países de origen. Pero es más fácil y más rentable políticamente (o así se entiende) disparar a las aves que plantar cara a quienes quieren hacer del río un coto exclusivo para ejercer su ocio.

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