Herbicidas

No se debe mantener una guerra química contra la vegetación, con riesgos e imprevisibles consecuencias para la salud y contaminación grave del medio ambiente, por ahorrar unos euros en jornales de personal de desbroce
14.12.2011 EL COMERCIO – JOAQUÍN ARCE FERNÁNDEZ – MIEMBRO DE LOS VERDES DE ASTURIAS

Los herbicidas son productos químicos utilizados para eliminar plantas indeseadas. Algunos se basan en las hormonas de las plantas y las matan actuando sobre su crecimiento. Los herbicidas reducen la biodiversidad vegetal y tienen un efecto negativo sobre las poblaciones de otros seres vivos como pájaros, abejas, etcétera. El masivo uso de herbicidas en algunas zonas agrícolas es uno de los factores implicados en que estas zonas no sirvan para la invernada de aves migratorias. Además, los herbicidas generan una contaminación química con efectos perjudiciales sobre la salud humana, los suelos y las aguas. El herbicida más utilizado, el glifosato, está clasificado como tóxico para exposiciones ocular, oral, sobre la piel y respiratoria. Y, según algunos estudios, también puede tener efectos endocrinos y causar la muerte de embriones, placentas y células umbilicales. Lo mismo ocurre con sus productos de degradación. El glifosato y sus derivados dañan también la superficie del suelo y contaminan el nivel freático cuando penetran en la tierra por la acción del agua. En varios países del mundo hay expedientes administrativos o pleitos contra la empresa Monsanto, fabricante del glifosato, por sus efectos en la salud humana y por falsear estudios sobre los efectos del producto.

A los ecologistas asturianos nos preocupan los herbicidas porque en los últimos años está aumentando su utilización en nuestra región, tanto por parte de particulares como por administraciones públicas y empresas de infraestructuras. En relación a este último uso, podemos señalar que en Asturias hay unos 5.000 kilómetros de carreteras, 10.000 de líneas eléctricas, 200 de vías de Adif, 500 de vías de Feve, 400 de gasoductos, unos 500 molinos eólicos y muchas líneas telefónicas y repetidores. Si el uso de los herbicidas se generalizase para combatir la vegetación de los márgenes de esas infraestructuras, en lugar del desbroce mecánico, la contaminación por herbicidas podría llegar a afectar a unos 171 millones de metros cuadrados, es decir, 17.100 hectáreas, que podrían quedar envenenadas cada año, una o varias veces, con montones de toneladas de productos químicos (casi el 2% de la superficie de Asturias). A lo que habría que añadir las tierras tratadas por otras empresas de todo tipo y particulares. Ganaderos, empresas forestales y otras personas cada vez usan más herbicidas: para las márgenes de los prados y pastores eléctricos, para eliminar plantas de los pastos, para evitar competencia a los eucaliptos, para no desbrozar. Y luego las vacas comen en esos terrenos. Para hacerse una idea, 17.100 hectáreas es aproximadamente la superficie total de los municipios de Oviedo o Gijón. Y más de 3 veces la superficie total de municipios medianos del tamaño de Morcín.

En la actualidad, nos consta que ya hacen un uso amplio de herbicidas: Enagás, uso muy intensivo de herbicidas selectivos en sus gasoductos; Adif , uso intenso y continuo en las líneas férreas de Renfe; Feve, con menor frecuencia; Ence, en sus proyectos de gestión forestal; alguna empresa eléctrica (HC, de momento, parece que apenas, gracias a su buena disposición ambiental y al acuerdo al que llegó con la Dirección General de Política Forestal del Gobierno regional anterior), Demarcación de Carreteras del Estado, que en noviembre ha rociado de herbicidas todas las márgenes de la N-630, a su paso por Ribera de Arriba, Morcín, Mieres y Lena, incluso en las orillas del río Caudal y junto a casas y huertas.

Este uso extenso de los herbicidas, como método alternativo al desbroce manual o mecanizado, es intolerable y no se hace en los países más avanzados. Las desbrozadoras se inventaron para eso. No se debe mantener una guerra química contra la vegetación, con riesgos e imprevisibles consecuencias para la salud y contaminación grave del medio ambiente, por ahorrar unos euros en jornales de personal de desbroce.

El profesor de la Universidad de la Laguna, Antonio Perdomo Molina, geógrafo, ingeniero técnico Agrícola y miembro de la Plataforma Los Herbicidas Nos Enferman, en la que participa Ecologistas en Acción, refiriéndose al uso de herbicidas en Canarias, decía en un artículo de opinión: «No puede ser que las autoridades que exigen a los agricultores el cumplimiento del código técnico de aplicación de fitosanitarios, lo incumplan constantemente cuando son ellos los que deben dar ejemplo. No puede ser que las autoridades de carreteras desconozcan que hay que señalizar las áreas tratadas; que hay que esperar a que existan unas condiciones favorables climáticas para que el viento no arrastre el ‘veneno’; que no se pueden aplicar fitosanitarios cuando hay personas sin protección cercanas. No puede ser que los agricultores, ecológicos o no, hayan decidido, por las razones que crean oportunas, no usar herbicidas en sus parcelas y que la Administración pase ‘quemando’ toda la hierba de sus linderos. Contaminando sus productos e impidiéndoles comercializarlos como productos ecológicos. No puede ser que soltemos en el medio moléculas de síntesis, cuyos efectos sobre la salud y el medio ambiente son cuestionadas en todo el mundo, como si estuviésemos regando con agua bendita los taludes de nuestras carreteras y caminos. Pero, sobre todo, no puede ser que las autoridades de Medio Ambiente y de Carreteras no hagan caso a agricultores, viticultores, apicultores, ganaderos, ecologistas y a la ciudadanía cuando les reclama abandonar estas prácticas absurdas a día de hoy. Porque no puede ser que no se den cuenta de que ellos representan a toda la ciudadanía, incluida la que no desea que en el margen de su huerta o en el parque donde juegan sus hijos e hijas, se estén aplicando este tipo de productos».

Por todo eso, en Asturias, desde todo el movimiento ecologista de la región, animamos a la población que sufre estas prácticas a rebelarse contra ellas, vigilarlas y denunciarlas en todos los frentes, ante el Seprona, las autoridades medioambientales y agrícolas, la prensa y las organizaciones ecologistas. Y pedimos a todas las administraciones, empresas y particulares que utilizan esos productos tóxicos que, antes de seguir usándolos, reflexionen y piensen en la salud de la población y en el medio ambiente. La vegetación natural no es algo molesto y sucio, que haya que envenenar. Es algo bello, útil, que cumple sus funciones ecológicas y forma parte de la vida y del paisaje del que los humanos somos un elemento más. Nuestro deber es cuidarla, respetarla e integrarla como parte importante de nuestro entorno.

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