Rescatar las comarcas mineras

Una vida mejor sin carbón es posible. Las comarcas mineras españolas no deben estar sometidas a la servidumbre feudal de un empresario privado… que sobrevive con fondos del estado y que los desvía a su pecunio.

Nos importa la gente y no hacer más rico a Vitorino Alonso y su corte.
РPor eso pedimos que se rescate a las cuencas mineras espa̱olas, es decir, a las personas que en ellas viven y trabajan.

Lo primero es rescatarlas de las empresas privadas que las tienen como rehenes para extorsionar subvenciones al estado. Es inconcebible que las empresas de Vitorino Alonso reciban tres veces más dinero del estado (240 millones de euros) que la empresa pública HUNOSA (setenta millones) que en su día se creó con las explotaciones más ruinosas del país. Recordemos aquí como envió Don Vitorino a sus empleados a ocupar el Ayuntamiento de Tineo (debidamente retribuidos por esa ocupación) para obligar a Ayuntamiento y Principado a autorizar una corta a cielo abierto en monte público, hace dos años. La extorsión fracasó.

-Así que todas las empresas y explotaciones mineras no rentables deben ser absorbidas por la empresa minera estatal para así finalizar con la sangría de dinero público a empresas privadas de dudosa ética. Las empresas privadas no deben gestionar ninguna reconversión

– Una vez bajo control público debe iniciarse la reconversión del sector, manteniendo el empleo para otros fines diferentes de la extracción de carbón, hasta la jubilación de las actuales plantillas (aproximadamente 2026). No debe haber más ayudas a explotaciones privadas, no deben existir ayudas a explotaciones a cielo abierto y menos aún cuando son ilegales, como sucede ahora con varias de la empresa representada por Vitorino Alonso. La empresa pública hace una veintena de años que no explota a cielo abierto para evitar devastar el territorio y destruir empleo, pues genera muy poco en comparación con la minería subterránea.

– Dado que las prejubilaciones actuales no se van a mantener en la actual situación, también es justo rebajar la penosidad y peligrosidad del empleo minero. Nada mejor para ello que destinar el personal al mantenimiento de seguridad de los pozos y a la restauración de las zonas afectadas por las explotaciones, y también a desarrollar nuevas actividades económicas, preferentemente en el sector de las energías alternativas, la rehabilitación energética y la puesta en explotación hortofrutícola y agroganadera de los terrenos restaurados (cuando ello sea posible), así como la colaboración con las entidades locales afectadas por las actividades mineras.

Los fondos estatales deben mantenerse en las comarcas mineras para rescatar a las personas que las habitan y darles un futuro sostenible, justo y digno, una transición justa, que no enriquezca a empresarios de dudosa ética y comportamientos perversos.

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