Una verdad provocadora

SOBRE las ONG (vaya por delante que he trabajado en algunas, y que colaboro con muchas, y que soy socio de una cuantas), hace tiempo que quería decir alguna verdad, no por provocadora menos cierta. Mucho he dudado en la forma de hacerlo, pero, al final, esto se hace por vía directa (porque ‘pa qué’ paños calientes), o no se hace, y servidor es muy de hacer. Como norma general, no hay nada más gubernamental que una Organización No Gubernamental, nada más afín al poder, pues vive de él y se sostiene por él y, a veces, incluso, es creada por él.

La inmensa mayoría de las ONG son de la Iglesia, ergo, contribuyen a financiarla doblemente; incluso buena parte del resto son auspiciadas por intereses corporativos inconfesables, luego contribuyen a financiarlos peculiarmente. No crea que tantas se salvan, sólo unas poquitas.

No hay espacio laboral más explotador ni peor patronal, en el sentido más reaccionario de empresariado, que el de las ONG. La libertad sindical y los derechos más elementales de los trabajadores se conculcan muy frecuentemente bajo la premisa de la responsabilidad con el beneficiario, que, al fin y a la postre, es el que menos interesa en todo esto.

Las ONG son de alto interés para las administraciones, no tanto por su capacidad de respuesta (que la tienen) a demandas específicas, sino en cuanto al abaratamiento de costes; luego el propósito de la concertación y de la subvención es, en último extremo, no el derecho a la participación social, sino el abaratamiento de los costes, incluso «a cualquier precio».

Una parte muy sustancial de este dinero de las ONG se va en gestión, que multiplica y dispara el gasto (en proyectos de Cooperación, por ejemplo, existen un ran número de ONG que solapan y multiplican proyectos y convierten en estéril el gasto). La Administración frecuentemente utiliza criterios de clientelismo político en la distribución de las subvenciones, luego, quien se mueve, no sale en la foto (o debiera decir en el BOE o en el BOPA). Con mucha frecuencia, las ONG están gestionadas por gente que desconoce básicamente la problemática de las personas atendidas, pero eso da igual, o están dirigidas por personas que con criterios asistenciales pretenden perpetuar las condiciones de miseria y explotación de las personas atendidas. A veces, se crean para eso.

Éstas son algunas de las verdades de la lírica, luego, ya lo sabe, si su ONG le hace el trabajo barato a la Administración, eso permite que la política de turno se vaya de rositas por poquito dinero para luego gastárselo o malgastárselo (es un suponer) en chiringuitos u otros saraos. Si su ONG gasta una parte ingente de la subvención en gestión o en proyectos redundantes que nada aportan, o recibe algún apoyo financiero en función de cuota de reparto y de café para todos, y no en función de proyecto de interés singular. Si su ONG tiene dosis de voluntarismo atroz, más allá de lo tolerable (entiéndase), o está gestionada por alguna persona que tenga algún interés corporativo, empresarial o moral inconfesable (recuerdo como ejemplo que el presidente del mayor chiringuito anti-sida de España, con la Monarquía en la presidencia de honor, era el mayor empresario de condones al sur del Piles, que es mucho sur, dicho sea de paso). Si la ONG, en cualquiera de sus manifestaciones, a las que usted pertenece, vive del poder o se sostiene de o con él, o parte de él, es afín al poder y, por lo tanto, es poder, está incapacitada para ejercer la crítica libremente, así que quítele usted la ‘N’.

Que una cosa es el fomento de la participación y otra tomar el pelo al personal. Y, por favor, no se ocurra a usted crear ninguna más; tenemos hiperinflación

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