EL SOL NO HA SUBIDO DE PRECIO

Desde hace millones de años el sol ilumina y calienta La Tierra. El aprovechamiento de su energía no tiene costes variables, la luz solar es estable en cantidad y calidad y a precio cero. Si el Gobierno hubiese apostado por la energía solar (y otras renovables) hace años, no estaríamos pendientes de la subida continuada de los precios de una energía que se basa en fuentes no renovables, ya en proceso de agotamiento. La mayoría de usos de iluminación y domésticos en general son perfectamente asumibles con las fuentes de energía renovables actuales.

Los sucesivos gobiernos han diseñado un modelo energético fundamentado en la importación de combustibles fósiles (gas, petróleo, carbón), agotables y con un coste en aumento motivado por la mayor demanda mundial y la escasez en ciernes. Las guerras han empeorado la situación y a la vez enriquecido a las petroleras que operan en países en paz, como es el caso de Repsol-YPF; sus precios de venta han subido al amparo de la guerra, cuando sus costes de extracción no se han visto apenas elevados por estar ubicada en zonas sin conflicto bélico.

La disminución de la dependencia del petróleo es ineludible e impostergable. Para ello debemos desarrollar todas las energías alternativas, renovables y sostenibles, entre las que no se encuentra la nuclear (aprovecha un recurso mineral, y por tanto agotable, y genera residuos extremadamente peligrosos y duraderos).

La energía solar ha sido la gran marginada en España frente a otras. Es hora de incorporarla localmente a las construcciones, cambiando el modelo de grandes centros de producción y grandes líneas de distribución. Los paneles solares deberían abastecer de electricidad y agua caliente al propio edificio donde se ubican. Debemos incluir en las ordenanzas municipales imposiciones más estrictas en cuanto a ahorro de electricidad, agua, calefacción y refrigeración en los nuevos edificios.

La penalización económica del uso de energías y procedimientos insostenibles, contaminantes y despilfarradores es necesaria, y tiene que ir pareja con una fiscalidad verde, que garantice los mínimos vitales a todo el mundo, y que favorezca los procedimientos, las energías y las producciones sostenibles, y el ahorro y la eficiencia.

En tanto no se actúe de la manera antedicha, la subida de las materias primas y los suministros como el agua por un lado, y de la energía por otro será continuada. No afrontarlo es irresponsable y suicida.

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