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NUESTRA realidad demográfica tan significada establece que en Asturias podamos hablar de lo que los expertos denominan el «envejecimiento del envejecimiento» y que se comience, en consecuencia, a hablar hoy de vejez tomando como umbral de referencia los 80 u 85 años de edad. Atendiendo a esta realidad, los estudios demográficos demuestran que la proporción de personas de más de 80 años es un 36% mayor en Asturias que en el conjunto de España y la de más de 85 años, un 37% más alta, mientras que en el caso de los mayores de 65 años la proporción asturiana es un 32% mayor que la española. Luego, tenemos una acentuadísima realidad gerontológica y geriátrica que se debe a tres causas fundamentales: la reducción de la natalidad y la fecundidad, la alta mortalidad y al saldo migratorio, que es claramente negativo, porque los adultos jóvenes abandonan la comunidad a miles y los procesos de incorporación en esa cohorte de edad con capacidad de fecundidad, que procede de otras regiones o de la inmigración, es claramente insuficiente.

De la mortalidad, sin embargo, que es el segundo factor determinante, será necesario aclarar, no obstante, que nuestra tasa es superior a la europea y a la española, resultado natural del mayor peso de las personas mayores en la población asturiana (mueren más porque hay muchos más en edad de morirse). Pero nuestro problema está centrado en el menor dinamismo reproductor y no en la ancianización o mayor longevidad de los asturianos, situación última que genera el mayor nivel de envejecimiento en Asturias.

Si atendemos a la proyección que señala el INE para todo el país y con especial repercusión para Asturias, la población española de más de 65 años prácticamente duplicará su peso relativo hacia 2050, al alcanzar un nivel del 32% del total de la población. En Asturias rondará el 36%. Un dato demoledor para la economía y para la supervivencia de los sistemas de protección social, que funcionan como cajas de solidaridad. Un auténtico desafío para las políticas sociales y para nuestro modelo de financiación, que en estos días se está debatiendo y que es el pilar de nuestra subsistencia económica, amén de nuestra dispersión territorial y de nuestra orografía, corregible la primera y subsanable la segunda.

Pero la situación más dramática hay que ubicarla, una vez más, del lado de la mujer anciana. Las mujeres mayores de hoy no sólo han tenido una dedicación exclusiva al cónyuge y descendientes, sino que siguen manteniéndola actualmente. Unas pensiones de viudedad muy bajas, una afectación de salud de fuerte impactación, la necesidad de cuidados prolongados en ciertos periodos de la vida, unidos a la absoluta escasez de recursos ágiles de atención socio-sanitario, emparentados con la ya eterna lista de espera de residencias y el fiasco de la puesta en funcionamiento de la Ley de Dependencia, más efectista que efectiva, hace que estemos encontrando auténticas situaciones de pobreza extrema en el segmento más vulnerable de la longevidad que representan las mujeres mayores que viven solas, que necesitan cuidados y que precisan una mejora significativa de las rentas personales, sin que exista una generación relevo que garantice la continuidad de la caja única y la redistribución solidaria del dinero de las políticas sociales en tiempos de crisis aguda.

Esa ‘feminización de la pobreza’ que usted sin duda comienza a notar y que se convierte en un circulo vicioso de aislamiento, dependencia, enfermedad, soledad y miseria, hace que la rebusca en la basura ya no sea una escena nada infrecuente, en busca de sustento complementario del deshecho de los más. Es en estas situaciones donde el papel de los servicios sociales tiene el mayor reto al que quizás se enfrentan los Estados de bienestar en la actualidad.

Hay 2 comentarios

  1. kike /

    Yo tengo enfilaos a los 9.000 asturianos que tienen más de 500.000 euros líquidos en el Banco. Hay tenemos lo que falte…

  2. kike /

    Quise decir «ahí», me cagontoloscorrectores

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