Zapatero molesto con el sobrecoste del Musel

1.-La visita de Zapatero este fin de semana y su total silencio sobre el Musel creemos que es un síntoma del fuerte malestar del Gobierno español con el Presidente del Musel y los que le apoyan. Zapatero no quiere que le salpique el escándalo. Y el Estado está molesto porque por culpa de los engaños a la UE de los gestores del Puerto de Gijón, vendiendo como segunda fase un sobrecoste injustificable, España puede ser sancionada por la UE, perder su prestigio europeo y pasar a la lista de países poco fiables en asuntos financieros.

2.- Creemos que si una obra estaba adjudicada en 580 millones y, de repente, la misma obra, por un oscuro y sospechoso acuerdo entre los gestores del puerto y las empresas, cuesta 250 millones más, hay motivo más que suficiente para que la UE investigue a fondo y también deberían investigarlo la policía, los interventores y las autoridades españolas, igual que estudian cualquier desaparición de fondos.
No olvidemos que el sobrecoste supone gastar en acarrear piedras de un lado para otro, sin ton ni son, una enorme cantidad de fondos, más de lo que se gasta en I+d en Asturias en 10 años, o en inversiones en todos los colegios e institutos en más de 5 años.

3.- En tercer lugar, llama la atención que, tal como dice la Alcaldesa de Gijón, la obra se esté ejecutando sin tener el crédito asegurado, algo que no permite la legislación española. La legislación de contratos lo primero que exige a las administraciones para autorizar o comenzar a ejecutar una obra es disponer de los créditos necesarios. Si estos no están asegurados, la obra se debería parar y, en su caso, ajustar a las disponibilidades.

4.- Por último creemos que los gestores del Puerto y los que los respaldan deberían dimitir de una vez y dejar de trasladar sus responsabilidades y apelar al patrioterismo barato y al “cierren filas todos” para engañar a la UE. O al menos, replantear la obra para que vuelva a sus costes iniciales y no suponga un despilfarro tan grande para Asturias.

El único dinero europeo que se pierde es el que se malgasta o se malversa.

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