Gijón es la ciudad ideal para el tranvía, por orografía y tamaño

«Gijón es una ciudad ideal para el tranvía, por su tamaño y su orografía». Javier Fernández, director del Museo del Ferrocarril, hizo ayer una firme defensa del sistema tranviario, cuya posible implantación estudia ahora el Ayuntamiento. Sus principales ventajas: «No contamina, es totalmente accesible a personas con movilidad reducida, hace muy poco ruido y es extremadamente seguro si se respetan las normas». Por contra, su principal inconveniente es la inversión necesaria para su puesta en marcha.

Javier Fernández participó ayer en el programa ‘La Lupa’ de Canal 10, después de que el Ayuntamiento haya adjudicado el estudio de viabilidad para la posible implantación del tranvía. La iniciativa responde al pacto de gobierno entre PSOE e IU, después de que la coalición lo llevara en su programa electoral. En principio, la idea es contar con una línea que una la zona de Roces con la futura estación intermodal, aunque la empresa que hará el estudio, Epypsa, podría contemplar otras posibilidades. Sea como fuere, Fernández se mostró convencido de que el tranvía «da calidad de vida a la ciudad». El director del Museo del Ferrocarril recordó que «en el siglo XIX se decía que estaban las ciudades que eran ciudades y las que no tenían tranvía». Y ahora, en el siglo XXI, «se está volviendo a lo mismo».
Porque cada vez son más las ciudades que optan por este sistema de transporte, que «mejora las frecuencias de los autobuses» y además «tienen diseños muy actualizdos y elegantes». Un ejemplo: en Sevilla el tranvía pasa delante de la Catedral. Porque los tranvías de este siglo son «modernos, muy luminosos, con mucho uso del cristal, de poco tamaño».

A todo eso, Fernández suma el hecho de que el tranvía es compatible con los automóviles, medio al que, además, «debería salir perjudicado con su implantación». El director del Museo reconoce que en ciudades como Barcelona, en un principio, se vivieron «conflictos con el tráfico», pero que fueron solucionados. «No tiene por qué haber ningún problema». Ni con los coches ni con los autobuses. De hecho, en algunas ciudades los autobuses municipales comparten incluso carril con el tranvía.
En cuanto al principal inconveniente, la inversión, es alta debido a los costes de implantación (vía y electrificación). Por contra, la energía que utilizan es más barata que el gasoleo y «el tranvía tiene un periodo de amortización de unos 25 años, mucho más que un autobús». Ahora habrá que esperar los resultados del estudio de viabilidad para saber si Gijón puede asumir esa inversión.

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