Opinión: El clima que cambia

VA siendo urgente valorar las repercusiones económicas, ambientales y sociales del cambio climático, sobre todo si uno ha leído el informe presentado en Londres, el pasado 30 de octubre, por el Gobierno británico, sobre las repercusiones económicas de este fenómeno. El informe, encargado al economista Nicholas Stern, insta a los gobiernos de todo el mundo a fijar un precio a las emisiones de CO2, mediante impuestos, el comercio o la regulación.

El mismo documento reconoce que el cambio climático supone una de las amenazas más importantes para el crecimiento económico de los países desarrollados y, en general, para el proceso de globalización. Por este motivo, la relevancia política que el Gobierno británico le está dando a este tema contrasta con el trato que recibe en España, donde el cambio climático «sólo es un asunto del Ministerio de Medio Ambiente». Los otros ministerios (Agricultura o Industria) no lo incorporan y hacen como si el problema no existiera.

Sin duda, España será uno de los países más afectados por el cambio climático porque la economía española tiene un factor de ‘climadependencia’, ya que más del 40% de nuestro Producto Interior Bruto (PIB) tiene relaciones directas con los recursos naturales y el clima. Sectores económicos como la construcción, la agricultura y el turismo están vinculados al clima absolutamente o en gran medida.

Entre las repercusiones del cambio climático se encuentran el aumento de las temperaturas, la extremización de los fenómenos atmosféricos, la disminución del aporte de agua, el aumento del nivel del mar -que afecta a las playas y poblaciones costeras- y el acortamiento de los periodos de transición climática, que afectará a la agricultura. Además, es necesario medir los costes en pérdida de biodiversidad, de ecosistemas, de salud -por las oleadas de calor- y de turismo.

Es necesario señalar, también, que la economía española es la más ineficiente de la OCDE al ser la que más energía y materia consume por cada unidad de PIB y al tener un alto consumo de los recursos naturales -a nivel de energía- y un bajísimo consumo de tecnología.

Dicho en palabras de algún experto y pese a los datos macroeconómicos que se venden cotidianamente, precisamente por esta dinámica de gran consumo de energía, materia y recursos naturales, y escaso consumo tecnológico, nos comportamos algo así como la mejor economía del Tercer Mundo. Y es preciso criticar que, del conjunto de iniciativas pendientes de discutir en la Comisión de Medio Ambiente del Congreso de los Diputados español, sólo el 3% lo son sobre cambio climático y sólo una es una proposición no de ley. Las restantes son solicitudes de comparecencias.

Contrastando esta situación con el resto de parlamentos de los países desarrollados, se puede observar que en todos hay una subcomisión o subgrupo de seguimiento de esta problemática. En cambio, España es el único país desarrollado que no tiene un subgrupo o comisión -en su Parlamento- de seguimiento y análisis del cambio climático y pese a que se han presentado propuestas en tal sentido ya en el periodo del Gobierno de Rodríguez Zapatero.

Esencialmente, dos serían las medidas urgentes a abordar: la creación de este subgrupo de trabajo en el Parlamento y la elaboración de una ley para luchar contra el cambio climático, como en Gran Bretaña, ya que no vale tener una estrategia o un plan, sino una norma que establezca instrumentos, medidas y marcos de compromiso.

España infravalora el problema, cuando va a ser uno de los países más afectados por el cambio climático y es el país que peor está en el cumplimiento de Kioto (con un 55% de emisiones de gases de efecto invernadero) cuando tendríamos que estar, según está previsto en el protocolo, en un 15%. Si seguimos a este ritmo, estaremos en el 77% de emisiones de GEI en 2010.

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