La lechera del Puerto

La Cámara Oficial de Comercio Industria y Navegación de Gijón aparecía el día 26 de septiembre de 2008 en la prensa pidiendo que las obras del Musel acabasen en plazo; se referían al plazo inicial más 22 meses de regalo. Hacemos constar que coincidimos plenamente con la solicitud de la que las obras acaben en el plazo establecido Y CONTRATADO, el inicial, y con los fondos que se les han concedido para ello. Es decir, 579,2 millones de euros y 46 meses. Dicho en pesetas, 96.371 millones y 46 meses, de febrero de 2005 a diciembre de 2008.

Esperamos ansiosamente que en diciembre de 2008 se finalicen dichas obras, cuyo proyecto fue redactado por el Ingeniero Director del Puerto, quien asumió personalmente la dirección de obra para evitar retrasos y sorpresas, según manifestó públicamente.

Durante ese periodo, desde el 9 de febrero de 2005 hasta diciembre de 2008, todos los fondos europeos han sido aportado y nadie ni nada ha interferido en las obras.

Los problemas que hayan podido tener han sido generados por la propia incompetencia. No abastecerse de piedra en Aboño y traerla de León, subir el precio pagado a unos suministradores y a otros no, el descontrol de materiales, etc., han venido de decisiones de la Dirección del Puerto, que ha ido justificando a base de mentiras: que la culpa era de Carreño, que la culpa era de Hidroeléctrica…Falsedades que se han demostrado como tales.

Los gestores del puerto actúan como administradores nuestros, de todos, y no tienen derecho a obrar con ligereza. Han llegado a acuerdos con las empresas para superar los contratos y presupuestos que se habían aprobado y para los que ya disponían de muchísismo dinero, que se les ha dado. Que se hagan responsables.

El control de sumas tan ingentes de dinero (96.371 millones de pesetas) debería ser estricto, y no lo ha sido. Se ha despilfarrado y ahora se pide más para tapar los agujeros de una gestión nefasta que afecta no sólo a las obras sino al conjunto portuario. Los ciudadanos no tenemos obligación de hacernos cargo de la mala gestión del Puerto. Que el problema se quede donde se generó y que los responsables lo resuelvan con sus fondos, y no quitando a otros proyectos españoles que ni siquiera tienen sobrecoste alguno. Si no se ven capaces, que dejen paso a otros gestores más competentes.

No podemos entender que en una obra tan importante se obre con tanta ligereza e irresponsabilidad, y que cuando se pide rigor en el gasto de los dineros de todos, haya quien justifique el descontrol y la incompetencia, atacando a las voces ciudadanas que piden honestidad.

Mientras tanto, empresas industriales importantísimas para Gijón envían su producción por tierra al puerto de Bilbao para su embarque, sin que ello sea objeto de análisis por la Cámara de Comercio Gijonesa. La mayor empresa logística de vehículos fue apartada del puerto, concediendo sus instalaciones a una empresa leonesa que se las pretendió luego alquilar.

La gestión del puerto es catastrófica, se pierden tráficos de contenedores y se apuesta por graneles exclusivamente: los planes de futuro son castillos de naipes que se desmoronan, y las autoridades siguen sin analizar objetivamente la situación: de los dos graneles actuales (mineral de hierro y carbón) en los que se basa el puerto, uno va casi a desaparecer, el carbón, dado que las térmicas que lo consumen están a la baja desde la entrada en funcionamiento de las centrales de gas por toda España y el desarrollo de la energía eólica, y las importaciones de carbón han caído en picado.

El cuento de la lechera del Puerto tendrá el mismo final que el original.

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