El camino más fácil

El camino más fácil
NACHO GARCIA ALONSO

Las reacciones químicas son muy caprichosas y muchas veces no producen el resultado que queríamos obtener. Científicamente esto se describe con la teoría del producto «cinético» y el producto «termodinámico». Como esta teoría puede aplicarse a la vida misma, me explicaré: cuando una reacción química puede tener dos productos distintos, a partir de los mismos reactivos, se dice que hay un producto «cinético», que es el que se produce más rápido y con menos gasto energético, y un producto «termodinámico», que es el más valioso y, normalmente, el más difícil de obtener. El producto cinético sería el producido cuando la reacción toma «el camino más fácil», mientras que para obtener el producto termodinámico la reacción necesita de un aporte de energía, mucha paciencia y condiciones más controladas.

En la vida real hay multitud de casos de productos cinéticos y termodinámicos. Cuando llegamos a un cruce de caminos y no sabemos qué dirección tomar por regla general tomaremos el camino más ancho, el mejor asfaltado o el que va cuesta abajo, aun cuando no estemos seguros de adónde nos lleva. Como es bien sabido, el camino más fácil no siempre va donde queremos ir. Los que somos padres conocemos este problema: nuestros hijos siempre tratan de tomar el camino más fácil. Ver la tele, jugar al ordenador, internet, etcétera, es siempre el camino más fácil; el producto cinético que da satisfacción a corto plazo. Es una labor difícil tratar de convencer a nuestros hijos de que, con esfuerzo y sacrificio, lograrán llegar más lejos.

En una comparación lógica podríamos decir que los que somos científicos también lo tenemos muy difícil para convencer a nuestros políticos de que el camino más fácil no sólo no es el mejor, sino que puede llevarnos al desastre. El cambio climático y el calentamiento global es un ejemplo claro de que somos como niños. Quemar gas, carbón y petróleo siempre ha sido el camino más fácil. Ahora nos damos cuenta de que metimos la pata hasta atrás. Los científicos llevaban años avisando, pero los políticos se dejaban llevar cuesta abajo por el camino más fácil que dictaba la economía de mercado. ¿Y ahora qué? ¿Energía nuclear? Obviamente, no.

La energía nuclear es otro ejemplo del camino más fácil que puede llevarnos al desastre. Ahora nos estamos dando cuenta de que no sabemos qué hacer con los residuos nucleares y que existen graves riesgos de terrorismo radiactivo: las llamadas bombas sucias, que no matan directamente pero que pueden obligar a desalojar ciudades enteras contaminadas. Como todo el mundo sabe, lo barato al final sale más caro.

El camino más fácil también es la economía de mercado. Dejemos que el mercado marque sus reglas y que la oferta y la demanda decidan los productos que se fabricarán y los que no se fabricarán. Como en una reacción química dejada a su libre albedrío, al final obtenemos el producto cinético. En el campo de la energía el producto cinético son, por ejemplo, las centrales térmicas y las nucleares, mientras que el producto termodinámico son las energías renovables. Como científico me gustaría que los políticos dirigieran la economía de mercado hacia el producto termodinámico, de mayor valor añadido, aunque haya costado más producirlo.

Ahora necesitamos políticos valientes que se dejen aconsejar por los científicos en el campo energético. Desde mi punto de vista, si no queremos volver a la Edad de Piedra, es imprescindible una apuesta decidida por las energías renovables: energía eólica, energía solar térmica, energía solar fotovoltaica, biocombustibles, motores de hidrógeno, etcétera. Esta apuesta decidida incluye el apoyo económico a la creación de empresas que fabriquen, por ejemplo, paneles solares fotovoltaicos en grandes cantidades o celdas de combustible para producir hidrógeno. No podemos dejar que la economía de mercado decida nuestro futuro. También necesitamos una legislación que obligue al uso de energías renovables y amplios fondos para investigación y el desarrollo de empresas que fabriquen estos productos.

Una cosa que no he dicho al principio de este artículo es que el producto de reacción termodinámico al final devuelve mucho más que la energía que se necesitó inicialmente para conseguirlo. Es decir, aunque algo nos parezca más caro ahora, y que necesite más esfuerzo, al final será más barato. Sin embargo, soy muy pesimista en este tema. Los políticos no suelen ver más allá de la siguiente curva en el camino (las siguientes elecciones) y a los votantes también nos gusta tirar por el camino más fácil. Ya lo dice el refrán: «Vale más malo conocido que bueno por conocer». Somos como niños.

Nacho García Alonso es profesor titular de Química Analítica de la Universidad de Oviedo

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