La bici oficial

25.04.10 – 02:28 – :: CARLOS BENITO Foto: Mitxel Atrio
En El Comercio y demás diarios de la cadena Vocento.

Los guardias encargados de la seguridad en la Conferencia Europea sobre Protección de Bosques, celebrada este mes en Segovia, están muy acostumbrados a los coches oficiales, esos vehículos muy grandes, muy buenos y muy oscuros que suelen utilizar los políticos en un vano intento de conciliar opulencia y discreción. Pero nadie les había avisado de que se iba a presentar un tío en bici. El hombre llegó pedaleando, a lomos de una bicicleta con alforjas, y la dejó aparcada allí mismo, delante del Parador de La Granja, donde se alojaban las distintas delegaciones que participaban en el encuentro.
El insólito ciclista era Joaquín Arce, director general de Política Forestal del Gobierno de Asturias -pocas veces un apellido ha sido tan adecuado para un puesto-, y la bici no era una bici cualquiera: se trata de su bicicleta oficial, porque nadie ha dicho que ese rango tan ilustre esté reservado para los vehículos de cuatro ruedas y asientos de cuero. Arce presenta un perfil bastante diferente al habitual en los altos cargos: «Aunque en estos momentos trabajo como político, me siento ante todo un ecologista», se define. Licenciado en Económicas y candidato por Los Verdes en distintas elecciones desde 1999, su manera de viajar a la conferencia de Segovia fue «un gesto» en favor de la movilidad sostenible, pero también una reivindicación de «algo normal» que la sociedad ha acabado viendo como una extravagancia: Arce salió en bici de su casa de Santa Eulalia de Morcín, pedaleó los 15 kilómetros hasta Oviedo, se montó -con la bici en el maletero, claro- en un autobús a Valladolid, hizo trasbordo a otro coche de línea hacia Segovia y, finalmente, volvió a subirse al sillín para salvar los doce kilómetros entre la capital y La Granja. «La mitad de ese último recorrido, por carril-bici», puntualiza.
Aunque parezca mentira, su humilde vehículo, tan fácil de abarcar con la mirada, despertó más revuelo entre los responsables de seguridad que los opacos cochazos de otros delegados. «Enseguida vino la Guardia Civil a preguntarme, pero les dije que era la bicicleta oficial y, muy profesionales, lo aceptaron. Al principio me dejaban ponerla donde quisiera, pero luego me dijeron que, como llevaba alforjas, daba cierta sensación de inseguridad, así que había que buscarle un lugar adecuado», sonríe. Arce también cubrió en bici los trayectos entre las dos sedes de la conferencia, La Granja y Valsaín, y al final se volvió hacia Asturias como había venido, combinando pedales y autobús. «En el trayecto de ida, por ejemplo, salí a eso de las diez y llegué a las seis de la tarde. Lo normal», insiste, por mucho que la Guía Repsol calcule el recorrido entre Oviedo y Segovia en cuatro horas y diez minutos. En coche, claro.
-¿No ha notado que mucha gente ve los autobuses de línea como un medio de transporte sólo para niños, estudiantes y ancianos?
-Sí. Y ahora, también para inmigrantes. La ‘cultura del coche’ cree que los transportes públicos son sólo para quien no puede permitirse un automóvil.
Al principio, Arce usaba su bicicleta particular, pero en octubre del año pasado se planteó la conveniencia de adquirir una oficial, más económica y sostenible que el coche y con una fuerte implicación simbólica. No supuso un gran dispendio: su departamento compró en El Corte Inglés una Boomerang híbrida y rotuló el cuadro en castellano y asturiano. «Costó 240 euros, estaba de oferta -detalla el director-. Algunos guardas utilizan bicis buenas de montaña, pero para mí bastaba una bicicleta normal con alforjas para llevar las cosas. Al volver de Segovia, vine cargado de libros y documentos. Ah, y también traje una botella de aceite que España regala en estos actos».
Cuestas y lluvia
Arce es miembro de la asociación Asturias con Bici y suele utilizar este medio de transporte para sus compromisos por la capital asturiana y sus alrededores, aunque para las salidas por los montes debe recurrir al todoterreno. «Oviedo tiene un tamaño muy adecuado. Algunos dicen que hay cuestas y que llueve, pero eso no son inconvenientes importantes para la bicicleta: lo que cuenta son las distancias, y en ciudades como ésta la bicicleta es más competitiva que cualquier otro transporte y, además, resulta más fácil de aparcar». Aunque no recuerda su primera bici, sí tiene muy presente aquel modelo de carreras con el que, a los 14 o 15 años, recorría junto a sus amigos la costa de los alrededores de Santa María del Mar. «En aquellos tiempos tener una bici de carreras molaba. Ahora se llevan más las de montaña o las de uso múltiple». Después llegó a esa edad en la que tenía bicicleta pero no la usaba, algo muy propio de España, donde la cuarta parte de los hogares cuentan con un vehículo de este tipo aunque eso no se note en la calle. Hubo que esperar hasta 2007 para que renaciese su vocación de ciclista urbano.
Él ve muy claro cuál es el camino para promover el uso de la bicicleta y del transporte público. «Lo principal son las leyes y la fiscalidad ecológica, que los impuestos graven más los combustibles y los aparcamientos. El voluntarismo por parte de los ciudadanos está bien, pero no es suficiente, ni supone la solución para los problemas globales», argumenta. Estas medidas deben complementarse, por supuesto, con una red pública competitiva: «En muchos pueblos, el transporte público es simbólico y tiene una frecuencia desastrosa. Hay que fomentarlo desde la frecuencia y desde el precio: el propio sistema debe conducir a la gente hacia una situación sostenible». Los carriles-bici, ese clásico motivo de bronca entre automovilistas y ciclistas, han dejado de ser una demanda primordial: «Ahora la idea dominante es que, en las ciudades, las bicicletas tienen que convivir con los coches sin carriles especiales, pero limitando la velocidad de los coches a treinta kilómetros por hora. Y las bicicletas por el centro, que es lo más seguro».
El director de Política Forestal muestra su camiseta, una prenda roja de Ecologistas en Acción con el lema ‘menos para vivir mejor’ escrito en las cuatro lenguas oficiales de España. Es un mensaje vinculado a la teoría del decrecimiento, la filosofía que apuesta por limitar el consumo de energía, agua y materias primas, al considerar que se trata de algo así como un río desbordado, una fuerza incontrolada y destructiva. «Es importante cambiar el modelo económico, sustituyendo el objetivo del crecimiento indiscriminado por el desarrollo personal, social y medioambiental. Hay que empezar a decrecer a la vez que se mejora la calidad de vida», resume.
En el aparcamiento de bicicletas de la sede del Gobierno asturiano, el vehículo oficial de Joaquín Arce no tiene mucha compañía. «Bueno, hoy son sólo tres, pero normalmente suele haber alguna más. Una compañera de Los Verdes, la gerente del Banco de Tierras, también viene en bici. Y yo, aparte de ésta, tengo una que me traje de casa, para las cosas a las que no llevo la oficial». Muy prudente, porque sería el colmo que acabasen criticándole por utilizar el vehículo oficial para asuntos personales.

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