Menos sindicato, menos democracia.

Las subvenciones a los sindicatos, las horas sindicales, l@s liberad@s, l@s dirigentes sindicales, ¿son un problema para ti? Si tu respuesta es afirmativa esperamos que nuestra opinión, al menos, te sirva para reflexionar.

Lejos quedaron los tiempos en que, en España, ser sindicalista podía costarte la libertad, torturas o incluso la vida: ¡menos mal!. Ahora puede costarte tiempo y dinero, o hacerte perder oportunidades y empleos. O desprestigio, con la inestimable ayuda de la derecha real y tanto “opinante”, que aporta su granito de arena. Siempre habrá alguien que conoce a alguien que supo de alguien que se benefició, aprovechó u obró inadecuadamente. Y seguramente habrá algunas excepciones, pero lo habitual es que l@s sindicalistas actúen con honestidad y tengan un plus de dedicación, bien desde su trabajo bien desde su liberación.

No somos los únicos: políticos y emplead@s públic@s sufren un desprestigio análogo, cuando no desprecio, entre una buena parte de la población. No es casualidad que el discurso en detrimento de lo público, y especialmente de los poderes públicos, arrecie desde los “medios propiedad privada” y cale en la sociedad, que va absorbiendo lo que se le transmite de una forma reiterada. Esos medios y opinadores no reparan en cambio que el mismísimo presidente de la patronal lleve a la quiebra sus empresas, las descapitalice en una cifra muy superior al coste sindical de todo el país, no pague sus deudas con la seguridad social, la hacienda pública o sus trabajadores y viva a todo lujo; seguirá hablándonos de “eficacia”, “productividad” o de “políticos ineptos que no le ayudan a mantener los puestos de trabajo que generó con tanto sacrificio”. No ven cómo se desmantelan la sanidad y la enseñanza públicas en la comunidad de Madrid, mientras lo que se reitera y festeja en muchos medios es lo que se van a ahorrar deshaciéndose de unos cuantos liberados.

La gestión privada, la privatización de servicios, el traspaso de poder de quién lo ostenta democráticamente a quién lo consigue con su estatus o su dinero, son los objetivos de una clase dominante que nos está pasando por encima de una forma descarada y, desgraciadamente, una parte de la izquierda y de la clase trabajadora les hacen eco.

Dentro de la capacidad organizativa de trabajadores y trabajadoras están los sindicatos. No debemos olvidar que surgieron en los comienzos de la Revolución Industrial como contrapeso al poder arbitrario e ilimitado de los empresarios. Con esta herramienta, conseguimos cierto poder sobre nuestras vidas (un tercio o un cuarto de nuestro tiempo vital) y nuestro medio de sustento, que ha sido regulado democráticamente en las constituciones modernas y resto de legislación hasta los Convenios Colectivos; y que se expresa a través de la libre afiliación, constitución de Secciones Sindicales y las Elecciones Sindicales. Dicho poder se vería mermado si perdemos capacidad para transmitir información, para formarnos, para organizarnos y de esto también va esta ofensiva laboral y social.

Pero también la desaparición sindical significa un retroceso al pasado, volver a una inseguridad jurídica propia del tercer mundo, volver a la no formación y a la desinformación de los trabajadores. Todo ello va en contra de los intereses de las empresas serias, que prefieren trabajadores sindicados y formados, y un marco jurídico estable de referencia, como son los Convenios Colectivos, que permiten un marco estable de relación e imposibilitan muchos abusos. La propia administración y las empresas pueden conocer fácilmente los costes de un contrato, actividad u obra merced a los Convenios Colectivos.

El crédito horario o las horas sindicales son un instrumento que permite a l@s trabajador@s desarrollar esas funciones sin las cuales difícilmente podríamos tener la misma capacidad de debate y propuesta. Tod@s l@s representantes legales de l@s trabajador@s (delegad@s y miembros de comités de empresa) tienen, por ley, dicho derecho. La acumulación de horas sindicales para la “liberación” de personas, también regulada legalmente, permite llegar a centros de trabajo con difícil presencia sindical debido al tamaño, a la presión empresarial, o a otras circunstancias; permite negociar convenios sectoriales de los que se benefician colectivos sin representación directa en dichos centros. Estas liberaciones también permiten dotar de estructuras estables a nuestras organizaciones, generando la posibilidad de hacer análisis, propuestas y negociar sobre aspectos de interés general como pensiones y jubilaciones, prestaciones por desempleo o de otro tipo, planes de desarrollo territorial, etc.

El crédito horario o su acumulación para liberaciones suponen un logro sindical de importancia, que está siendo deliberadamente atacado por ser un instrumento que sirve a nuestras organizaciones. El mensaje del “excesivo número” de liberados sindicales es utilizado por quienes nos disputan el escaso poder que ostentamos y cala entre una parte de la clase trabajadora, incluso entre una parte de la izquierda política y sindical que respalda sus argumentos con críticas a “vividores” liberados.

Con las subvenciones sucede lo mismo. Nuestros sindicatos podrían existir sin subvenciones, de hecho nuestras cuotas suponen nuestro mayor ingreso. Las subvenciones externas las hay de dos tipos, por un lado están las que nos corresponden por la representación legal de trabajadores a través de las Elecciones Sindicales, como les corresponden a los partidos por los votos de su representación parlamentaria en los gobiernos centrales, autonómicos y locales. Por otro lado las subvenciones finalistas para la formación, el asesoramiento, la información, etc, que complementan y mejoran nuestra capacidad de conocimiento y por tanto mejoran nuestra intervención en distintos ámbitos.

No es gratuita tampoco la crítica a estas subvenciones. Las critican algunos políticos con posiciones neoliberales que no dudan en cobrar subvenciones para su partido, las critican empresarios que tienen todo tipo de subvenciones incluso para contrataciones (ahora, con la reforma, hasta para los despidos a través del FOGASA) que les generan pingües beneficios, y las critican algunos sindicalistas que confunden “modelo sindical” con cobro de subvenciones y en realidad siembran dudas entre la clase trabajadora insinuando que disponer de subvenciones significa estar vendidos a quienes las conceden; por favor, ¿una persona, esa misma que nos critica, está vendida a una administración por que solicita una ayuda a la vivienda, o una beca? ¿está vendida una ONG que cobra subvenciones finalistas de cooperación?, “un poquito de por favor” como decía un personaje de una serie televisiva, debatamos de política y no hagamos más astillas con la unidad de los trabajadores y las trabajadoras que es nuestra herramienta más potente.

A quién sabemos que no vamos a hacer reflexionar es a los representantes de la patronal, esos que cifran en 30 millones de euros el coste del crédito horario de l@s delegad@s sindicales a las empresas asturianas, derecho recogido en nuestra legislación y en los convenios colectivos y acuerdos que firman los propios empresarios. Indudablemente, en ese cálculo solo estiman el coste valorando las horas de ausencia del puesto de trabajo para ejercer sus funciones de representación, no estiman la reducción del beneficio empresarial que se produce en las negociaciones con est@s delegad@s y que se convierte en mejoras de las condiciones laborales e incrementos salariales, que es lo que de verdad les molesta. En realidad esos 30 millones (si fueran ciertos) son una cantidad ínfima comparándola con lo que nos jugamos l@s trabajador@s en dicha disputa, de ahí su interés en debilitar este instrumento a base de desprestigiarlo. Quienes nos aconsejaron invertir en sellos, en ladrillo a menudo ilegal o en pensiones privadas que no han dejado de perder valor, han desviado el foco de atención que tenían sobre ellos mismos, causantes de la crisis y de las dificultades actuales de la gente. Y han apuntado con éxito hacia gobierno, funcionarios y sindicatos.

Si uno de los valores imprescindibles en Los Verdes son los valores democráticos, estos deben trasladarse a nuestra concepción de las relaciones laborales. Las cotas democráticas en el entramado empresarial español son tremendamente deficitarias, una de las asignaturas pendientes de nuestro país. Este déficit perjudica al conjunto de trabajadores y trabajadoras y a aquellas empresas, aunque escasas, que sí cumplen con sus obligaciones legales. En demasiadas ocasiones no se garantizan los medios a que les obliga la ley, se presiona a trabajadores para que no se presenten en las listas de los sindicatos; en otras ocasiones se penaliza económicamente a l@s representantes e incluso se llega a despedir a candidat@s o elegid@s. Por si fuese poco asistimos a campañas en las que se les trata, se nos trata, de poco menos que parásitos.

En el fondo, los verdaderos poderes, los económicos, aspiran a desmontar los sindicatos como contrapoder; retrocediendo a los modelos que todavía persisten en los países pobres, donde los sindicatos no existen o son debilitados y perseguidos sistemáticamente. En esos países no existe ningún tipo de protección a los trabajadores contra el desempleo, las enfermedades o los accidentes laborales; la necesidad obliga a trabajar a edades tempranas y no hay preocupación por las pensiones porque casi nadie llega a la edad de jubilación; tampoco existen sistemas educativos que aseguren un mínimo de igualdad de oportunidades para los que nacen en familias sin recursos.

Este modelo es cortoplacista y radicalmente insostenible. En lo ambiental porque acelera el agotamiento de los recursos naturales. En lo social porque empobrece a amplias capas de la población. En lo político porque concentra el poder en manos de unos pocos. Es desastroso hasta el punto de que, a medio y largo plazo, acabaría perjudicando los intereses de muchos de sus defensores, que pasarían a engrosar paulatinamente el ejército de personas de usar y tirar.

En este debate hay mucho más trasfondo que la pervivencia de no sé cuánt@s liberad@s; forma parte del mismo debate que la reforma laboral, de la Huelga General; en realidad es un tema más que debemos incluir en nuestros análisis sobre la crisis social, económica, ecológica y democrática que estamos viviendo.

29-S, HUELGA GENERAL!!!

José Antonio Sierra Nebot
sindicalista liberado a tiempo parcial
y
Jesús Ángel Alonso Fernández
sindicalista liberado a tiempo completo

Sólo hay 1 comentario

  1. Foro de politica /

    Queria invitaros a participar en http://www.foropolitico.net, la nueva comunidad online para debatir sobre politica relajadamente.

    Saludos

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