«Los últimos mineros», artículo de Joaquín Arce sobre la minería asturiana


Los últimos mineros
JOAQUÍN ARCE FERNÁNDEZ

ECONOMISTA Y MIEMBRO DE LA MESA FEDERAL DE LOS VERDES DE ASTURIAS/

DURANTE el siglo XIX y buena parte del XX los mineros del carbón asturianos tenían un trabajo duro y muy peligroso, con bajos salarios. Vivían en barriadas degradadas, entre escombreras, junto a ríos negros sin vida. Sufrían muchos accidentes y enfermaban de silicosis. Formaban parte de la clase obrera, del proletariado, y pretendían cambiar el mundo mediante una revolución. En 1934 se levantaron contra el Estado y muchos perdieron la vida. Y después lucharon en la Guerra Civil y contra el franquismo.

Con el paso del tiempo, gracias al prestigio conseguido por el sacrificio de las anteriores generaciones y a su gran capacidad de movilización política y sindical (que combina dosis eficaces de intimidación con el ejercicio de un monopolio de oferta laboral en un sector muy regulado, subvencionado y protegido de la competencia), fueron mejorando de forma extraordinaria su situación económica, laboral y social.

Hoy casi todos los mineros están jubilados o prejubilados y viven como rentistas acomodados. Algunos tienen coches de lujo, sus hijos estudian en centros privados, viajan (con frecuencia a Cuba), cazan y pescan y llenan los locales de ocio. Como están bien organizados y disponen de mucho tiempo libre, dominan los partidos y los gobiernos municipales de las comarcas mineras, el tejido asociativo y también todo el entramado institucional público o semipúblico que en ellas se ha creado (lo que además les proporciona influencias y rentas suplementarias). Su poder en los asuntos públicos recuerda al que antaño tenían poderes fácticos como la Iglesia o los militares. Como ellos, a veces, intentan suplantar al Gobierno, y han tenido capacidad para imponer diezmos al resto de la sociedad para financiar sus rentas y actividades. Y para defender su estatus sólo tienen que salir a la calle y cortar carreteras cada cinco o seis años, cuando se negocia un nuevo plan de la minería.

En las últimas décadas, bastantes mineros han abandonado el lugar que antes ocupaban entre la clase trabajadora y se han situado en los escalones socioeconómicos más altos de las comarcas mineras. Han protagonizado un fenómeno de inversión social muy llamativo: en las cuencas, una parte de la clase obrera, sin gran formación ni especiales capacidades productivas, se encuentra por encima de la burguesía y las clases medias. No han cambiado la sociedad en su conjunto, pero sí su situación relativa dentro de ella. Y no han sabido utilizar en beneficio del desarrollo de las cuencas los recursos económicos que han obtenido gracias a su poder político y sindical.

Si no fuera porque su situación la deben a la militancia en organizaciones de izquierdas, muchos habrían abandonado esos partidos y sindicatos hace ya tiempo. Porque hoy su forma de vida y su ideología son conservadoras. Eso lo han visto algunos líderes del PP, y por eso les hacen guiños continuos. Saben que los mineros de hoy en día pueden ser votantes potenciales de la derecha.

Pero los mineros cada vez son menos. Y pronto llegará un día en que se conviertan en un sector económico más, o desaparezcan.

Cuando llegue ese día, la agridulce historia de la minería asturiana del carbón se habrá terminado. Y Asturias se librará de un yugo, pero echará de menos a los mineros, por sus rentas y por su épica.

JOAQUÍN ARCE FERNÁNDEZ. ECONOMISTA Y MIEMBRO DE LA MESA FEDERAL DE LOS VERDES DE ASTURIAS.

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