Cabueñes

OPINIÓN ARTICULOS
Cabueñes
JUAN IGNACIO GONZÁLEZ/
LA red sanitaria asturiana, configurada en ocho áreas de salud, dispone en la cabecera de cada una de ellas de un hospital de referencia. En este sentido, el principio de proximidad territorial que debe presidir la atención a la salud se cumple en Asturias como seguramente en pocos territorios del Estado. Además, el esfuerzo de décadas por construir la red primaria complementaria ha sido importante, no cabe duda.

No obstante, no debemos olvidar en ninún caso que el verdadero epicentro de un sistema de salud, clave real de su calidad y agilidad y, por lo tanto, de su eficacia y eficiencia, no se halla instalado en su red hospitalaria, infinitamente compleja en lo tecnológico y especialmente cara en su mantenimiento, sino en el nivel primario, concebido como el espacio natural de atención y puerta de acceso al sistema.

Es aquí, en centros de salud que tuvieran suficiente dotación de personal y tecnología, con horarios de atención a la urgencia dignos y no sometidos a recortes continuos y unificaciones de guardias que merecen el desplazamiento al hospital, y elaborando claves de salud comunitaria en términos de prevención, promoción y educación para la salud (la eterna asignatura pendiente del sistema) que permitieran al ciudadano modificar la cultura de ‘tirar pa Cabueñes’ a la mínima, donde radica seguramente el secreto del éxito de un sistema de salud moderno (agilidad en la respuesta, satisfacción en el usuario y bajo coste).

Cada peseta invertida en primaria reduce en al menos cien las invertidas en la red especializada y hace posible que todos los grandes documentos de la última década del siglo XX, Plan de Humanización Hospitalaria y Plan de Calidad Hospitalaria, no sean hoy un enorme papel mojado, a base de camas supletorias y hacinamiento tipo años 50 en las habitaciones y listas de espera desesperantes.

Cada cama supletoria o cada habitación triplicada dice mucho de unos gestores que, conociendo las cifras y las claves del incremento de demanda desde hace algunos años, han apostado por un sistema netamente hospitalario, frente a un sistema netamente eficiente.

A partir de aquí la bronca está servida, el problema de las listas de espera, el colapso de las urgencias y el deterioro de la calidad en algunas especialidades se producen sin solución de continuidad, irán a peor.

Salud para todos en el año 2000, el viejo (ya) objetivo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) puede convertirse en una entelequia si no somos capaces de hacer virar las tendencias del sistema.

Cada ciudadano cabreado que sale de Cabueñes (muchos todos los días) o de cualquier hospital de Asturias (Jarrio, por ejemplo) es un ciudadano que piensa (seguramente de forma injusta) que sus impuestos no están siendo utilizados en términos de gasto sanitario. Nada más lejos de la realidad, se gasta mucho en salud, pero se gasta mal. En estos temas muy cercanos y sensibles cada ciudadano cabreado, además de ser un ciudadano usurpado en sus derechos básicos, es un votante cabreado. Algunos consejeros y gerentes no deben olvidarlo.

En una comunidad autónoma como Asturias, que asumió las competencias sanitarias ‘a la trágala’ (seguramente sin posibilidad de no hacerlo), que tiene un gasto sanitario disparado (hospitalario y farmacéutico) asentado sobre la población más envejecida (y, por ende, más usuaria) del país (y no va a menos), con una financiación sanitaria por consensuar, en virtud de los pesos políticos específicos de cada autonomía (el nuestro, escaso, por ser suaves), el colapso del sistema hospitalario (Cabueñes es uno de los problemas, pero no el único) era perceptible para cualquier gestor sanitario, excepto para los nuestros.

De modo que, a cambiar, o que los cambien.

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