Para estos días

Para estos días
JUAN IGNACIO GONZÁLEZ/

CUANDO en los próximos días se nos haya quedado en nada la polémica sobre museos, y sus continentes y contenidos, y todas las partes justifiquen y exhiban su victoria sobre las otras, unos con sus votos a pie de calle, desde la llamada más estúpida al agravio pueblerino; otros, con sus plenos domingueros extraordinarios y su sensación de acoso; otros, con su chequera que todo lo dispone, y otros, la Fundación Príncipe, con su capacidad de levitar por encima del bien y del mal, deberíamos reflexionar los asturianos y las asturianas sobre el suelo que pisamos.

A usted, seguramente, como a mí, la polémica se la trae al pairo.

No porque no sea importante que nuestra comunidad tenga espacios para la cultura (aunque todos deseamos que sean menos de cartón pluma y de goma espuma, como nos vienen siendo los museos últimamente; ¿alguien ha estado en el del Jurásico?) sino porque la esencia misma de los espacios culturales debe ser la trascendencia que provocan en los entornos y su capacidad de generar cultura (hacer, ver, y consumir cultura es en esencia la justificación de los equipamientos culturales en el siglo XXI).

No porque no estemos de acuerdo en que Avilés padece agravio histórico, sino porque en esencia esta idiotez repite el mismo lío, la incapacidad de pensarnos como un territorio articulado donde los reinos de Taifas de los localismos se nos vuelven insufribles.

Somos incapaces de pensar una Asturias vertebrada que no pase por tener todo en casa (pero en la mía), donde cada alcalde es capaz de tocar a rebato por un quítame allá esos votos.

No porque no nos parezca trascendente y de futuro el proyecto de Oscar Niemeyer (un arquitecto, digámoslo todo, que dejó de aportar algo nuevo a la arquitectura desde los años 60, señora consejera de Cultura) sino porque nos gustaría que, de una vez por todas, en esta comunidad autónoma, primero, tuviéramos la idea de lo que va dentro (¿para qué fin se levanta el centro cultural y/o espacio expositivo?) y luego pensáramos en la caja (¿quién la hace?), porque corremos el riesgo de hacer las cosas como casi siempre (¿alguien tiene claro ya de que va el Centro de Arte de La Laboral?).

No porque no sea importante en lo económico y pueda convertirse en un motor que impulse ‘a la bilbaína’ el resurgir de una comarca degradada, sino porque a Avilés le falta mucho para ser Bilbao, y a nosotros mucho para ser vascos (afortunadamente, dirán algunos) y pensar en rendimiento económico, de tal manera que lo que ocurre en Bilbao enriquece a Donosti y viceversa (igual que aquí).

No porque no seamos más republicanos que nadie (algunos muy rancios, como se ve estos días; otros, de boquilla) y nos apetezca muy poco ponerle tabiques expositivos a la cosa del museo a mayor gloria del Príncipe y sus premios, construida sobre unos terrenos que nos dieron de comer como es seguro que no nos dará de comer la cosa prometida, sino porque estas cosas, antes de pasarlas por la quilla y someter al ciudadano a la tortura estúpida del debate diario e intrascendente (con la enorme cantidad de problemas que afectan a diario a cada cual), antes de establecer pulsos estériles que se repiten con cada proyecto, se deben debatir en los foros trascendentes y formales de quienes están obligados, por responsabilidad política, a hacerlo de esa manera.

A los ciudadanitos y a las ciudadanitas, que cuando nos movilicen sea por la salud, la educación, el trabajo, la vivienda y otras cosas trascendentes (ya sé que la cultura también lo es, pero este no fue un debate sobre la cultura), motor y preocupación de cada madrugón que nos pegamos.

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