Opinión: Sambenito

De acuerdo con declaraciones de la alcaldesa de Langreo, resulta que a los langreanos no nos agrada que nuestro municipio esté catalogado como Zona Ambiental Contaminada, y pardiez que tiene razón la señora regidora. Lo que pasa es que cuando algo se mete en un catálogo (relación ordenada de cosas que tienen algo que ver entre sí) suele ser por algo. Si consulto el de música pop de una discográfica no me encontraré allí a Mozart, y si lo hago con el de unos grandes almacenes, no hallaré en él, seguramente, una relación de fallecidos en La Coruña.

Por lo tanto, una de dos, o la catalogación en sí es errónea (que parece ser la opinión del ayuntamiento) o desde nuestro consistorio faltan a la verdad. Como desconozco los parámetros que rigen para incluir territorios en ese negro inventario y, por otra parte, he de tenerle a nuestro gobierno municipal la confianza que marca la cortesía, concluyo que alguien no hace bien su trabajo en la administración, o que tal vez estén tomándonos el pelo.

Me decanto por esta última posibilidad, porque independientemente de esos parámetros que decía, cualquiera que viva cerca de la industria química que se erige a escasos metros de un instituto en Ciaño, o con las filigranas industriales de la térmica de Lada a la vista, ambas con sus penachos de humo (que, por cierto, se juntan a veces sobre Sama, y más en concreto encima de la Juécara, cosa apreciable, sobre todo al amanecer, desde el corredor del Nalón, que da una magnífica perspectiva), sabe que los ruidos, el polvo, las vibraciones, los olores insoportables, la sequedad de la garganta y, quizás, el creciente número de cánceres en la zona, confirman que el nuestro es un municipio muy contaminado.

La solución no está en borrarse a lo loco de un registro, como si quitando la etiqueta consiguiéramos cambiar el producto, sino en limpiar el medio ambiente que nos envuelve. Casi todas las iniciativas tomadas hasta ahora contra la contaminación lo han sido para el ámbito del ciudadano, cosa, por cierto, muy necesaria. Pero si de veras se quiere atajar el problema, échenle arrestos al asunto y denle caña a quien le toca, es decir, a las industrias contaminantes. Tal vez cuando sus chimeneas dejen, como yo, de fumar, consigamos quitarnos el terrible sambenito.

Comentario Cerrado