Masoquismo presupuestario

En Asturias, cada vez que hay prórroga presupuestaria parece que se produce una catástrofe. La economía y la sociedad se tambalean. Las inversiones públicas se paralizan, aunque estén en ejecución, y parece que nadie va a cobrar.
Esto no pasa en otros sitios. En 2012 la administración central vive en prórroga presupuestaria y a nadie le altera esa situación. Rajoy gobierna, reforma y nos lo recorta todo, tan feliz, con amplia mayoría absoluta y con un presupuesto prorrogado del PSOE. Prefiere eso, a mostrarnos a nosotros, y a la UE, su propio presupuesto. Ya lo hará cuando le convenga dar otro hachazo. Y desde luego, por causa de la prórroga, no se paralizan las obras estatales en curso, ni nadie deja de cobrar. Al contrario, bendita sea la prórroga, que luego será peor con el nuevo presupuesto.
¿Por qué hay esta diferencia, si la legislación aplicable es la misma o muy parecida?
La razón son los “criterios técnicos de prórroga” (algo así de etéreo) que en Asturias son muy estrictos y en el Estado, y en otras comunidades, más amplios.
En las prórrogas presupuestarias que tuvimos en Asturias, se consideró como criterio que no se prorrogan las emisiones de deuda, o se prorrogan sólo de forma parcial. El resultado es que el presupuesto de gastos prorrogado, para estar equilibrado con los ingresos, es bastante menor, en vez de idéntico al que debería prorrogarse automáticamente. Eso trae como consecuencia ajustes bruscos, drásticos, arbitrarios, en las inversiones: incertidumbre, paralización de proyectos, licitaciones, y subvenciones. En otras administraciones no pasa esto.
Así, mientras que el Decreto 280/2011 de prorroga de los Presupuestos del Principado establece que “se excepcionan de la prórroga las previsiones de ingresos que se deriven de operaciones de endeudamiento”, masoquismo puro, el Real Decreto Ley 20/2011 de prórroga de los Presupuestos del Estado, en su exposición de motivos, señala con naturalidad que “deben entenderse prorrogadas también las autorizaciones iniciales de endeudamiento” y no se complica más. Y así lo entendió también Andalucía cuando tuvo prórroga en los 90 y necesitó emitir deuda.
En otras prórrogas anteriores que tuvimos en Asturias en las últimas décadas se tendió también a utilizar ese criterio restrictivo y convertir el presupuesto prorrogado en una tortura para la región, en vez de un trámite automático sin más, que apenas tuviera efectos negativos y que pasase sin pena ni gloria, casi desapercibido.
En la prórroga de 2008, también vivida con mucho teatro, se dio un paso para evitar que fuera tan dañina. Sin más explicación, la Consejería de Hacienda aplicó otro criterio técnico distinto, otra interpretación de las leyes, y se autorizaron en el Decreto de prórroga nuevas operaciones de endeudamiento por el importe necesario para cubrir las amortizaciones previstas en el ejercicio (o sea, se prorrogaron 80 millones de euros de los 128 previstos en el presupuesto de 2007) lo que permitió tener un presupuesto prorrogado de cuantía bastante aceptable que luego se reforzó, hasta en demasía, con un par de leyes de créditos extraordinarios.
Con este criterio, u otros similares (si no le gustan mis principios, tengo otros), igual que se prorroga una parte de la emisión de deuda, se podría considerar prorrogada la totalidad.
Eso es lo que debería haber hecho el Gobierno del FAC, sobre todo viendo su debilidad. Entender como prorrogada toda la deuda de 2011 (423 millones) para disponer de un presupuesto con un importe total razonable, que luego ejerciendo sus competencias como Gobierno (parece que se olvidan que en España hay división de poderes) podría modificar al alza o a la baja y gestionar de acuerdo a sus prioridades. Y si hubiera hecho eso, no habría tenido que llorar tanto, parar las obras, disolver la Junta, y convocar elecciones. Ni la sociedad asturiana sufriría problemas económicos innecesarios, gastos electorales repetidos, parálisis e incertidumbres.
No lo hizo, sabe Dios por qué, y quiere salir de la ratonera en la que se metió él sólo, y metió a la economía asturiana, pidiendo a la Diputación Permanente de una Junta General que él mismo disolvió, que le apruebe, nadie sabe cómo, un cheque en blanco de 486.5 millones de euros.
Mejor era, y desde luego, mucho más fácil y rápido, que se olvidase de ese innecesario y extemporáneo proyecto de Ley y modificase su propio Decreto de prórroga presupuestaria permitiendo la prórroga total del endeudamiento de 2011, algo que, si quiere, puede hacer todavía, de un día para otro.
¿A qué esperan?, ¡Háganlo ya!
Y luego, con transparencia, no se olviden de publicar el estado numérico del presupuesto prorrogado, para que todos lo conozcan. Igual que están empezando a hacer con los contratos menores, algo que no conseguimos del gobierno anterior con Areces y por lo que ustedes merecen ser felicitados.
Una última reflexión. ¿Por qué nos pasan estas cosas a los asturianos? ¿Por qué chocamos, una vez tras otra, con este masoquismo presupuestario que tanto nos daña? En las primeras prórrogas, en los años 90, se impuso el criterio de no prorrogar la deuda, que entonces, tenía menos trascendencia, por una desafortunada conjunción de la interpretación legal honrada de algunos funcionarios y de ambiciones de poder y maquiavelismo de otros: así el presupuesto y el control del mismo, adquiría más relevancia, se convertía en el centro del mundo. Que esto siga vivo en Asturias durante dos décadas, sin que nadie lo cuestione, pudiendo haber otros “criterios técnicos o interpretaciones de la prórroga” posibles, razonables y menos perjudiciales, me parece lamentable. Como dijo Bernard Shaw: “la experiencia nos enseña que los hombres nunca aprenden nada por experiencia”.

Joaquín Arce Fernández. Ex director general de presupuestos y política forestal y miembro de Los Verdes de Asturias.

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