Álvaro Cuervo pone en duda el beneficio de la ampliación de El Musel para Asturias

El catedrático de Economía Álvaro Cuervo criticó ayer la gestión del puerto de El Musel y puso en cuestión que la prioridad respecto a la dársena gijonesa haya sido acometer la obra de ampliación, en lugar de propiciar la captación de más tráficos en unas instalaciones en las que ahora apenas recalan barcos.

En una conferencia que impartió el prestigioso economista durante la entrega del premio del Ateneo Jovellanos al desarrollo económico e industrial de Asturias al empresario Gonzalo Álvarez Arrojo en la Feria de Muestras, Cuervo criticó «la obsesión por las infraestructuras», destacando el caso de la ampliación portuaria gijonesa: «Siempre que vengo a Gijón subo a la Campa Torres y contemplo la grandiosa obra de ingeniería de los futuros muelles del puerto gijonés. Luego busco con nostalgia algún barco en el puerto. ¿Qué diría Jovellanos de estas obras?», se preguntó.

Álvaro Cuervo apuntó que desde el año 2000 el tráfico de mercancías en El Musel «se ha estancado en 20 millones de toneladas», de las que la inmensa mayoría son graneles sólidos. «El Musel es un puerto de descarga, vinculado a dos productos y tres empresas».

El Gobierno regional y la dirección portuaria han exaltado la supuesta capacidad de la magna obra de ampliación para captar nuevos tráficos y contribuir así al desarrollo de la economía asturiana. El punto de vista de Álvaro Cuervo es radicalmente distinto: «Pienso que la oferta no genera la propia demanda». El catedrático dio la receta para sacar partido al puerto de El Musel: «Romper los monopolios del puerto, las rigideces, atacar su componente institucional. Introducir nuevos operadores, más agentes privados, más logística, más tráficos», por lo que hace falta un «cambio de prioridades» de los responsables portuarios, ahora centrados en las obras.

A quienes creen que el futuro de Asturias «va a venir por las grandes inversiones en infraestructuras, la regasificadora y los ciclos combinados», Álvaro Cuervo les preguntó: «¿Genera eso tejido industrial?».

Además de las referencias a la obra de El Musel, el catedrático de Economía también cuestionó la «obsesión por el peaje del Huerna y el AVE», cuando, a su juicio, la prioridad debería ponerse en primar el transporte de mercancías por tren, como se hace en Europa y Estados Unidos, mientras que aquí se prima a la carretera «en un país que no tiene petróleo». Una propuesta la suya que requiere inversiones limitadas y la privatización de Renfe Mercancías, frente a las nuevas autopistas «cuyo coste es superior a los beneficios que generan».

En una conferencia que inició advirtiendo que no iba a ser «políticamente correcto» porque no comparte la «autocomplacencia», Álvaro Cuervo criticó la gestión económica y el posicionamiento ante la realidad asturiana en Asturias: «Hace muchos años que escucho una descripción de Asturias que habla de dinamismo y de cambios; que está superando su crisis y creciendo», algo que calificó de «negación de la evidencia».

Previamente a la conferencia, Cuervo había indicado que, entre otras cosas, Asturias tiene una población que se ha estancado y que está envejecida y que la tasa de población activa (los que quieren trabajar) es un 8% inferior al resto de España. Ésa es la causa real, según Álvaro Cuervo, de que la crisis en Asturias tenga una repercusión menor en la tasa de paro que en otros puntos de España, pero «eso es una forma de engañarnos», porque «en el resto de indicadores no hay ninguna diferencia» y reflejan la crisis real.

El retraso de Asturias se constata en la falta de suficiente población activa y en la peor productividad de los trabajadores, dijo. «Para eso primero todos tenemos que reconocer esa realidad y no demorar los cambios que esta crisis demanda». Uno de los indicadores es que el porcentaje de emigrantes en Asturias es la mitad que en España, ya que «no vienen porque no ven expectativas de empleo, ésa es la realidad».

El catedrático consideró que en Asturias «nos hemos empobrecido y se rompió el dinamismo social» al centrar en las prejubilaciones las reconversiones industriales.

Además de defender el papel fundamental de los empresarios para generar riqueza en la sociedad, Álvaro Cuervo también cuestionó el intervencionismo de las administraciones públicas. «El funcionamiento de las instituciones condiciona el desarrollo empresarial. Dijo que en España en los últimos años ha caído la calidad institucional en valores absolutos y comparados» y advirtió que «las interferencias políticas en procesos empresariales incentivan a los buscadores de rentas, no a los empresarios». Respecto a la situación de Asturias en este aspecto, apuntó que «en Asturias está muy cercenada la sociedad civil; hasta si una mercancía entra por un puerto o por otro es un tema político, cuando debería ser sólo una cuestión de coste de transporte».

También se refirió a la necesidad de centrar en las empresas la I+D para que se convierta en innovación. El actor principal en la innovación debe ser la empresa, cuando una gran parte de las ayudas públicas a esas iniciativas se centra en la Universidad. Cuervo quiso romper un mito al afirmar que «no hay relación directa entre la investigación y el desarrollo y la innovación», salvo que las sociedades en las que hay mucha innovación se genera I+D. Para innovar, más importante que las subvenciones es la competencia en el mercado.

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